Luces de 2011

Madrid se llenó de color en 2011. De cánticos, frases con ritmo pegadizo y grupos de personas que entre los adoquines de los Austrias gritaron a los cuatro vientos.
Un conjunto de neutrinos, de momento pareciendo que recorren de Ginebra a Italia más rápido que la luz, desafiaron al Albert Einstein, al que hasta ahora nadie le había puesto en interrogación su teoría de la relatividad.
Y la luz que despertó la oleada de revueltas en el mundo árabe se llamó Mohamed Bouazizi, un tunecino quemado a lo bonzo en un país que un mes después sería abandonado por el mandatario Ben Ali. Egipto, Marruecos, Siria, Yemen y Libia siguieron el rastro de Túnez.
La foto del dictador Gadafi a manos de las guerrillas libias nos impactó a todos el 20 de octubre, era la prueba fehaciente que muchos reclamaron cuando Estados Unidos anunciaba en el mes de mayo el asesinato de Osama Bin Laden, en Pakistán, cuando se cumplían 10 años de los atentados del 11 de septiembre. Ya se sabe cómo son los americanos para los aniversarios.
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Y ni los Navy Seals , ni la justicia, acabaron con Berlusconi. ‘Il Cavaliere’ dimitió como primer ministro de Italia cuando ésta rozaba la bancarrota y su Parlamento le retiró la confianza.
Y votamos. Se votó en Perú, en Argentina, en Haití, en los ‘landers’ alemanes y en España. Mariano Rajoy y su nuevo equipo han alimentado las noticias navideñas con el comienzo de la X Legislatura.
Hubo elecciones en la República Democrática del Congo y sondeos preelectorales en Rusia, ambos con ganador antes de empezar los respectivos escrutinios. En Italia y en Grecia ni siquiera tuvieron el numerito de las urnas. A dedo, Mario Monti y Lukás Papadimos asumieron el cargo de primeros ministros y pronto, a golpe de flash, conocerían a Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y a la prima de riesgo que tantas portadas ha ocupado.
Y sorpresa sí dio Agustí Villaronga con su pan negro en el cine español. ‘Pa Negre’ fue la gran triunfadora en unos Goya que le servirán para representar a España ante Hollywood, esa industria que este año ha vuelto a lanzar a un Woody Allen en versión parisina que te deja inmóvil en la butaca.
La roja femenina de balonmano se trajo para España el bronce del Mundial de Brasil y los amigos del aro consiguieron dejar claro que todos los días sale el sol, y el 19 de septiembre conquistaron, de nuevo, cada rayo de Lituania.
Y ese sol se escondió en la isla noruega de Utoya cuando un loco, disfrazado de policía, mató a 69 personas que se encontraban en un campamento juvenil mientras sus familias temblaban al otro lado de la televisión.
Y temblaron Lorca y Fukushima. La localidad murciana sufrió un terremoto de 5 grados que destruyó el 80% de las viviendas y causó 9 muertes y más de 300 heridos. En Japón, un tsunami dejó sin vida a miles de personas y a una central nuclear sobre la que aún giran muchas incógnitas de cara a las repercusiones futuras.
Y el futuro en el terrorismo de España parece haber llegado a su fin. ETA anunció el pasado octubre “el cese definitivo de su actividad armada”. Sin perdones.
Cambio como motor del año que termina y del que comienza. Madrid, como capital del reino, que queda tan rimbombante como apropiado, entre la indignación y la fe, seguirá brillando aunque le toque bailar con la más fea. Y no, nada tiene que ver con la señora Botella.

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