Plàcid Garcia-Planas, un multiempleado en batalla

Turista, padre, gimnasta, amante, arquero y puta.
Plàcid Garcia-Planas no sabe delimitar dónde se empieza a ser escritor y se termina el periodismo. Y viceversa.
«La Vanguardia» le dio la oportunidad de ser turista en la Guerra del Golfo, la antigua Yugoslavia, Afganistán o Kuwait. Porque es de los que piensa que los plumilla, siempre con libreta y boli en mano, son meros espectadores de historias que tienes que conseguir como padre que tu hijo devore con el mismo entusiasmo que el caramelo más atractivo.
 No se ha vuelto loco ni adicto a las contiendas. Se ha enganchado deportivamente a los detalles. Con la sorpresa de un envoltorio de preservativo en el campo de batalla de Kandahar, Afganistan, o con el frío que pasa una cacatúa en el zoo de Sofía consigue hilar palabras como si del mejor número de gimnasia artística se tratara.
Un buen amante
De esos que consiguen hacerte el amor azucarándalo con un beso final.Para Plàcid reportear es como acostarse con alguien. Es esa complicidad que solo se puede lograr con un cara a cara en el que no cabe la tercera persona, como en sus textos, empáticos de principio a fin, queridos desde el primer contacto con la realidad, «porque tienes que dejarte querer para demostrar que mil y una palabras sí valen más que una imagen».
Amante de las miradas siempre viaja con fotógrafo para que éstas permanezcan.
Sus palabras cobran la forma y la utilidad de flechas, que como arquero profesional afila para que las tres personas que se calcula que leen un ejemplar de su diario al día no queden indiferentes. «A mí es lo que me pone. Gente que ni conoces y le llega la flecha, gente a la que no conocerás nunca», pero que queda tocada.
De palabra fluida con cuarenta ojos mirándole se sonroja cuando seis de ellos se acercan a título personal para saber más. Con titulares que no compraría cualquier redactor jefe pero que tienen que ser así para que la pieza sepa dulce, a caramelo. La eficacia la define como profesión, «hay que ser muy puta para ser eficaz», en el sentido más atrevido de la palabra.
Capaz de preguntarle a un travesti afgano qué puede hacer por él y meses después, tras enterarse de la muerte de este, planear volver a reconstruir el desenlace.
Muy puta a veces, pero eficaz.

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