Nunca tuve un amigo llamado Wilson

Valga de antecedente que yo era de las que no entendía por qué Periodismo y Publicidad compartían facultad cuando, en mi opinión entre cafés y pinchos de tortilla, su misión es antagónica.

Resulta que, allá por el año 2000, después de haber sobrevivido a esa Nochevieja en la que un apagón iba a destruir lo que no ha conseguido durante años el matarratas que pagas a precio de oro cada 31 de diciembre, llegó Tom Hanks con Náufrago a las grandes pantallas.  Eso sí, cada fin de año te regalan un gorrito de cartón del que la goma, si es resistente, salta en dos puestas y el cachivache ruidoso, si tienes suerte, no funciona y así te ahorras que con los empujones promovidos por la euforia del momento (porque es Nochevieja y hay que saludar a todo el mundo) te lo claves en la encía.

Tom Hanks y poco reparto más, porque la película trataba sobre un ejecutivo de la empresa FedEx (guiño) que tras sufrir un accidente de avión permanece aislado de la civilización en una isla tropical durante cuatro años. Allí su único amigo sería un balón de voleibol (lo llaman pelota pero es lo que es) de la marca Wilson (guiño).

Y hasta aquí todo normal. Publicidad, pantallas e ingresos. Pero resulta que ahora Náufrago (y Wilson, por supuesto) es uno de los primeros ejemplos de Branded Content (que tiene símil en castellano pero la gente de la comunicación somos así, queda mejor en el CV) de la historia. Esto se traduce, según me han contado los gurús (otra palabra muy de este mundo), que aunque FedEx despegase tras la emisión de la película y Wilson vendiese más de un millón de balones (de voleibol) durante el primer mes tras el estreno, no era la prioridad de ambas marcas. No. Eran los valores (palabro no tan de moda): la confianza de la empresa mensajera que cumple su cometido de llevar el paquete al destinatario, sin abrir, a pesar de tardar cuatro años, y el sentimiento familiar que despierta el balón, fiel a Tom Hanks en su estancia en la isla (tampoco le quedaba otra al esférico).

Por lo visto, y vuelvo a los gurús, el Branded Content, o el lavado de imagen de una profesión que nos ha atormentado desde que los muñecos de Famosa se dirigían al portal (esto es mío), es muy difícil de llevar a cabo y de que cale en el espectador.

Wilson fueron mis raquetas de tenis, pero en cuanto a balones se refiere, siempre fui de Molten.

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