De piropos

Anoche recibí una llamada telefónica de la cual resalto esta frase: “Me ha dicho que hablo editada, ¡es un piropazo tía! Te he llamado porque sé que solo tú lo entiendes” .

Anoche era una de esas noches que por cuestión de supervivencia necesitaba descansar con todas las letras del verbo en irregular y en todas las conjugaciones posibles. Esas letras de más son los diez minutos que todo ser cree que le faltan para haber tenido una noche (de martes) completa cuando suena el despertador. Realmente lo hice y hoy soy una persona nueva que ha dejado de soñar con maquetas bailongas en las que nunca dejaba de sobrar texto. Creo que el tonillo lacrimógeno al otro lado del teléfono, síntoma de la emoción de alguien que ha encontrado su camino, y que le gusta, ayudó.

A lo que esta temática se refiere -y a unas cuantas otras también- mis amigas me meten en el saco de Hitler y los suyos. Soy un poco nazi para los guapas con uves dobles; para los excesos de halagos; para las buenas palabras la mañana después de conocer a alguien; para la escasez de estas; para el cúmulo de diminutivos; para los piropos sin personalizar; para los personalizados en exceso que te sacan los colores.

Para las faltas de ortografía, ni os cuento.

Supongo que, ante la dificultad de acertar que se puede deducir de mis alemanadas, al final  también se me pone carita de tonta, como a todos.

Pero por favor, sin uves dobles.

Y sí, “hablas editada” es un señor piropo. Vetado por copyright.

Un comentario en “De piropos

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