Lo fácil

No volveré a empezar con “anoche…”, pero pretendía. Sería una manera de hilar este texto matinal con el de Jabois de mi mesilla de noche, donde todo lo importante ocurre en verano, como en mi background para los posts, en el que las noches son el escenario de sucesos o de su posterior reflexión.

Mi memoria, que por las noches mengua hasta volverse de pez -aunque beba Fanta sola-, me dejó del sábado dos flashes que aquí traigo. El mismo día pero en dos ciudades distintas, dos amigos me hablaron de lo mismo: chicas y facilidades. Las novias de mis amigos deberían agradecerme la buena influencia que ejerzo en cuestiones de fidelidad y detalles sobre estos. Pero bueno, al tema. El primero, por la etapa de vida que le toca vivir solo pedía al mundo o al Dios en el que crea, que lo desconozco, facilidad en cuestiones del corazón. El segundo, que por su condición de jurista duda de todo y se cuestiona todo lo habido, me hablaba de una chica en concreto y de lo fácil que era quererla. Sí, a mí también se me quedó la cara de la canción del post anterior. Me hablaron los dos, un par de caballeros a los que pocas veces he escuchado una palabra fuera de lugar, de que la épica, las luchas heroicas de telenovelas por la mujer amada, se han acabado. Por lo menos para ellos, quedan fuera de toda pugna que implique más de dos “¿quedamos fuera del trabajo?” Suficiente les supera éste como para salir y tener que hacer croquis en la vida privada.

Tipos Infames. Sábado 1 de junio. Él, ni idea.
Tipos Infames. Sábado 1 de junio. Él, ni idea.

Ayer, con la correspondiente resaca del sábado en todo su esplendor, abrí el libro que compré la tarde anterior. Durante ese rato preparé un tuit que hablaba de mi generación, la que veía los Simpson a la hora de comer, la que se enamoró de Coronado como jefe de Local (que ¿por qué tenía despacho y Castellote no?), y la que ahora gracias a Jabois escribe de resaca porque al chaval, casi señor, tampoco le sale mal. Y a nosotros buscar excusas se nos da especialmente bien (gracias, en parte, a Steve Urkel, que nunca creía haber hecho nada malo). La cosa es que ese tuit dado a “publicar” nunca llegó a mi timeline. Hay cosas en Internet que siguen fallando, hijos de las nuevas tecnologías. Después pensé que quizá fue lo mejor, que seguro que algún revienta-timelines diría que cómo puedo hablar de los Simpson y de Jabois. Hay mucho discípulo exaltado que cuando descubra que los Jot Down también metieron teletipos igual optan por el harakiri.

Mi sorpresa llegó anoche, cuando, blindando las barreras de la hora que me autoimpongo para apagar la luz, salió entre las páginas del libro ‘Manu’ la no cabellera de Homer Simpson, entre otras alusiones a Memento o Dostoievski.

Lo fácil.

Lo fácil que hubiera sido prescindir de la última cerveza.

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