Por qué poco…

“Soy muy sosa en el fútbol, si quieres puedes ir con otra persona”. Así advertí al amigo que la pasada semana me invitó a despedir a Mourinho desde la grada. Al final, después de una estupendísima comida, allá fuimos.

El motivo lo desconozco, pero lo cierto es que toda sangre que corre por mis venas cuando soy parte de algo, se vuelve horchata cuando me convierto en espectadora. Quizá tenga muy asumido el rol de periodista como mero observador, aunque me ocurre desde siempre, con mi equipo, en cuanto dejo el campo, por mucho nervio que guarde en las rodilleras, me mantengo calmada en la banda. Mirando, analizando, para luego soltar dos o tres frases poco resolutivas, no soy buena analista. Vamos, que entre Camacho y Del Bosque me planto el bigote. En este caso que cuento no era mi intención bajar al campo a aconsejar a Mou, pero tampoco un chillido de mi delicada garganta iba a ayudar al portero que alineó en su último partido, que suficiente tenía el chaval con no liarla en su día.

De pequeña, cuando completaba la colección de cromos de AS que mi abuelo me ayudaba a cambiar porque los niños no veían bien que yo, con mi cola de caballo rizada, me supiese el once del Madrid mejor que ellos, me definía como madridista. Ahora solo digo que me gusta el fútbol y que siento debilidad por el Madrid, pero que aplaudo a Messi y que me alucina Xavi, que me defino como él cuando me dicen cuál es mi posición en voleibol -esa manía odiosa pero utilísima de compararlo con el fútbol para que el interlocutor se entere. Lenguaje universal-. Incluso, algunos afirman, que en mi única visita a la Premier casi me levanté del asiento con el primer gol que coló el Liverpool al Swansea.

Si de un club por el que jamás he sido convocada he estado pendiente, ese es el Deportivo Guadalajara. Una semana líder de Segunda División y a día de hoy bajado de escalón en los despachos de la LFP (pendientes de los recursos posibles). Saberse el himno del Guada, en realidad, no tiene mérito, cuando en una noche alcarreña se da el clímax alcohólico-festivo en algún pub o discoteca, allá que lo pone el DJ de turno. Y eso es el acabóse, créanme, no podría explicarlo aquí, hay que vivirlo. Y entonarlo.

Por incompatibilidad de horarios y por vivir más cerca de Wembley que del Escartín, han pasado dos años sin poder abonarme a lo único que me he querido abonar en la vida. Ya me veía yo con todo mi pack hooligan:  bufanda, mi trompetita que hiciese las veces de silbido -porque no sé chiflar-, la bandera del ascenso que aún guardo (“Anduva, Anduva, subimos en Anduva…”). Quién sabe, lo mismo hasta hubiese brincado, saltado y hasta perdido sosería.

Gracias LFP. Por qué poco…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s