Las corbatas de papá

Esta mañana me he dado cuenta de que no hacía falta que el café fuese templado para aliviar los calores del nuevo (¿definitivo?) verano. Faltaba el aire acondicionado de la cafetería.

Como esto lo he comprobado una vez sentada, hoy también pedí la leche templada. Mientras esperaba mi cola pacientemente (me hace gracia esta expresión, ¿es que alguien la espera gritando “quiero mi caféeee”?) mirando el monedero para ver si tenía suelto y así liberaba el abundante bolsillo de monedas, una pareja que no sé qué eran comentaba sobre el desayuno. El desayuno en general. Él quería un mediterráneo y ella hablaba de la operación bikini. Al chico solo le costó este argumento para verse acompañado en las tostadas de tomate:

– “Dicen (¡fuentes,oiga!) que lo que comes en el desayuno es lo que más fácilmente se quema.

-Mmmm quizá debo empezar a desayunar más y ayudar menos…

Yo me resistí a las tostadas y me limité al café, que me llegó con desnatada porque se le debió de liar el templada-desnatada. Las rimas consonantes es lo que tienen.

Leyendo dónde estaba Pérez Maura cuando Tejero asaltó el Congreso, me vino a la cabeza que sólo queda un mes para el cumpleaños de mi hermana. Quien me conoce, bien sabe que me encanta la fecha del mío, y que siempre que puedo organizo un octubre gitano con todos mis mundos. Cuando no tengo tiempo mezclo mundos, y así me pasa, que en la boda las voy a pasar canutas haciendo las mesas de mundos que se conocieron y fingen no sonarse de nada. A lo que iba, el cumple de mi hermana es la inflexión en cada uno de los años de mi vida, hasta el punto de que algún familiar le felicita a ella y a mí me pregunta cómo lo llevo.

El otro día cuando llegué a casa estaba mi madre con el cambio de armarios. Arriba, abajo, lavadora, plancha, teenager, desfasado, “para cuando adelgace”, “por si engordo”, “para la playa”, “esto es de volei”, “por si me disfrazo”… lo típico en mi hogar.  Al llegar al apartado de mi progenitor el portacorbatas dijo basta en su relación con la barra metálica, dejando las corbatas por el suelo. El portacorbatas es como llamo yo al aparato redondo luminoso al que cuando aprietas giran las corbatas como si de un escaparate se tratara, no sé si es la denominación correcta. De pequeña retaba a mi padre a que cerrase los ojos apuntándolo con el dedo para que al decir “ya” cogiese la primera, aunque nunca me hizo caso.

Las dos con toques rosas son mías seguro

Había tal cantidad de corbatas…que me deprimí. Se lo expliqué a mi madre así: esto son los cumples de papá, los días del padre, los 30 de mayo, las navidades de papá… ¡Cuantísimas!

-“Es que solo le regalabas corbatas de pequeña, corbatas y stickers para el maletín, para que se pegase pegatinas dentro y se acordara de ti en el banco. Le miraban el resto cuando tenía piñas brillantes pegadas…”

La culpa la tiene la que cumple en un mes. Mi hermana es una excelente regaladora y yo una adicta a las preguntas, en este caso sobre qué regalar y cómo regalar. Todo el peso del portacorbatas gira(ba) en torno a este consejo:

-”Tienes que regalar algo que le guste mucho, mucho. Lo sabrás porque tendrá muchas cosas de esas, como yo vinilos por ejemplo, y así sentirá que has pensado en él”

Pues eso, corbatas. Y stickers.

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