El enfado de Amparo

El café ya dentro, que las mañanas se visten de cazadoras vaqueras aunque las tardes de bolsos con colgajos. La camarera del sitio nuevo hace honor a la simpatía de la que habla Josep Pla que tiene la gente que reside, y quiere sobrevivir, en Madrid. Y el templado lo pone al punto.

Érase una vez (‘Once upon a time’… ¡qué serie más original y bonita!) podría ser el comienzo de esta historia que tiene como escenario la tienda de ultramarinos con la puerta más bajita de Lagasca.  En petit comité yo la bauticé como la tienda de Lili, de Liliputiense, una forma cariñosa de disfrazar tantos coscorrazos, aunque en realidad la señora que despacha se llama Amparo y ha estado de vacaciones por el norte haciendo rutas. De esto me enteré entre barra de pan y patatas fritas (tradicionales, siempre).

A falta de: Abuela, que tenemos todos.
A falta de: Abuela, que tenemos todos.

Durante su ausencia mi compañero de trabajo y yo acudíamos a por cafeína en lata roja para combatir la modorra postvacacional, y desde luego que se nos pasaba mientras elegíamos dos Coca Colas personalizadas. ¿Han visto que ahora tienen nombres? Tienen nombres y un bonito reportaje, el porqué cada persona escoge una u otra. Por aquí ya van dos de tres los que eligen el nombre de su pareja y les mandan cursiladas tipo “las dos cosas que me gustan en el mundo juntas”. A mí sinceramente me preocuparía, pero le puedo dar las gracias a mi madre por estar nueve meses incubando también mi nombre.

Me sorprendió la cantidad de latas y botellas (que también hay botellas) que tenían el nombre de Joaquín, que fonéticamente (¡ay la fonética) nunca me gustó, por cierto. El día que Amparo había vuelto a Lili el sueño se apoderó de nosotros y bajamos a atajarlo, no sin antes flexionar rodillas y cabeza por la puerta. Rebuscamos mientras nos reíamos eligiendo el nombre  y al llegar a la caja me acordé de Pla e intenté ser maja (simpático en versión alcarreña) con un:  “Tenéis la cámara casi vacía, qué buena campaña”.

– Sí, estupenda… Ahora todos os pasáis horas mirando qué Cocacolita queréis y todo se caliente y luego decís ‘¿no la tenéis más fría?

Madrid 1921: Un dietario, de Josep Pla, quizá esté algo anticuado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s