La madera se hincha

Lo de contar mis cafés al principio ya no lo entienden todos. Y eso es de celebrar, pero repito que de ‘nueve a nueve y veinte’ me permito pensar en el brendaval y esbozar algunas líneas que resultan ser lo abajo redactado. La mayoría de los días hay un café de por medio, antes el palito de madera apuntaba a la Castellana, ahora al Retiro. Si la semana está siendo dura o muy deportiva, también forman parte de la escena tostadas de tomate y aceite.

Sin máaaas dilación paso a contar cómo, en mi tercer primer mes emancipada, ha cobrado sentido lo que yo creía que era leyenda: la madera se hincha -y lo que imaginé, el cómo lo hace-. Como las bolas de nieve que en pocos meses esperemos que adornen una Navidad idílica que deja de serlo antes de pasar del salpicón de marisco que funciona como entrante; como los grandes fiascos económicos y políticos que sobrevuelan el nombre de España. Esta semana hemos visto en las portadas cómo la nueva presidenta andaluza, con una chaqueta roja corporativa que no había descuadrado ni un ápice el manual “asesor de imagen para dummies”, tomaba una posición de espíritu santo en la sagrada trinidad socialista junto a su secretario general.

En “el piso” esta semana ha explotado nuestro Teide pasillero. Lo que fue un escape de agua que hizo tiritar la madera hasta que la arropamos con todo lo absorbente que teníamos, nos hizo cruzar hasta los tenedores para que el susto se quedara ahí. Pero no, de repente era verdad, la madera se hincha, el pasillo se convirtió en un volcán en erupción y nosotras, en el refuerzo del equipo olímpico de atletismo -que tanta falta le hace, por otro lado-.

Modalidad: salto de longitud.

Meta personal: medalla de plata para alcanzar mi habitación, la segunda puerta.

El perito (cargo que siempre me sonó de una autoridad encomiable, tipo notario) dictaminó que a pesar de ser cuatro tablas las perjudicadas tendremos que cambiar el pasillo entero.

La nueva presidenta de Andalucía ha sufrido, y sufrirá, a la crítica por sus orígenes. Por proceder del ayuntamiento sevillano, donde se destapó todo; por haber crecido en el seno imputado. Por ser, en definitiva, parte del marrón que ahora lleva a cuestas la comunidad. Decía Napoleón que “un trono es solo un taburete forrado de seda” (lo cierto es que me cuesta imaginar a Bonaparte congelado en Rusia pronunciado “taburete”) y os digo yo que la madera se hincha. Y mirad qué secuelas puede dejar en el suelo, por muy arraigado que esté en un territorio.

 la foto

2 comentarios en “La madera se hincha

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