Citas a ritmo de Gong

El café de hoy doble, que ayer empecé mi liga XVI (¡16 años jugando al voleibol!) y tengo el cuerpo hecho ‘embutido parecido a la mortadela’, que es como la RAE define al chóped.

Hablando de chóped, paso a contar mi noche del sábado, en la que, a petición de un par de amigas solteras, cumpleañeras y periodistas (a partes iguales), participamos en un speeddating madrileño. Siempre con el “no” como intención y el whatsapp de Merlín el encantador cerca.  Lo de periodistas está matizado a propósito, si algo aprendí de Gabriela Wiener es que las experiencias son la materia prima de lo que escribes. Sin llegar al tema single.

El tema, de película americana total, comenzaba sentándose 14 chicas en distintas mesas con un número cada una. Yo me encargué de que a mi 8 le rodearan mis amigas con la 9 y la 10, respectivamente. Sobre la mesa, un cuenco con fresas de chuchería y una hoja con los apartados pseudónimos, casillas para seleccionar sí o no y un espacio para observaciones. Un espacio reducido, de ahí que necesite plasmar la experiencia en estas líneas.

Y al ataque, el primer gong, que dejaba por delante 7 minutos con tu primera cita.

Y ahora, retomo el chóped, porque tal embutido era el pseudónimo de uno de ellos que sin dudarlo y como primera pregunta, así, para romper el hielo, me preguntó “¿Te gusta el chóped?”.

Primera fresa. Primer no.

Y de esto que va un catalán, lo voy a contar a modo chiste porque de esa manera me lo tuve que tomar antes de coger yo misma el gong, y me pregunta, así, también de primeras, si me gustan los caracoles para comer.

Y lo que me comí fue otra fresa.

La cosa mejoró, juro que había chicos más o menos normales. Entonces apareció “el de la gorra”, fiscalizado desde el primer momento por su inapropiada indumentaria en un lugar cerrado. Este daba miedito ya de primeras, así que me tomé una fresa al comenzar y otra cuando también se preocupó por mis hábitos alimenticios al preguntarme si estaba a favor del canibalismo. Entonces mi morro izquierdo ya estaba levantado y con una chincheta puesta, inalterable, tanto que el chaval me dijo “¿tengo tu no, no?”. ¡Gong!

Entre medias un señorseñor de club de golf de estrangis, ingenieros absorbidos por la carrera, gente que había ido sola que ya tenía el “no” al desvelarlo, un fotógrafo con el que comentar las calamidades del sector, y un personaje llamado Basi que portaba una B en el cuello con más diamantes a lo Beckham que fresas llevaba yo en el cuerpo.

Uno de los ingenieros confesó que estaba allí por un capítulo de Los Simpson. Tras mi cara de asombro y ver cómo mi brazo se alargaba hacia el cuenco de las fresas intentó solventarlo con un:

-Pero en un capítulo de los nuevos, eh, que los he visto todos.

Total, el dolor de tripa entre las fresas y las risas casi me dura hasta el domingo, cuando llegó el mail de cuántos habían pedido mi contacto. Espero que al googlear María Moliner, pseudónimo elegido con guasa métrica, haya hecho algo bueno por mi sociedad.

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