Y entre medias, Barcelona, donde todo empezó

Ya, ya… es el título del precioso Informe Robinson que recrea los Juegos Olímpicos de la Costa Brava, pero es el título que irrumpe mi mente desde la semana pasada también, así que citando, lo tomo prestado (lección de primero de carrera).

Cerca del mar todo se ve diferente. Esa, imagino, no es una reflexión propia, pero también la robo con confianza. El Mediterráneo estaba este fin de semana como un buen jefe, desprendiendo ese grado de respeto que genera el mar y a la vez apacible hasta que te hacía suya. Tranquilo como lo estaba yo callejeando a contrarreloj por el Barrio de Gracia con unas entradas regaladas para una obra de teatro improvisada. Porque el (nuestro) guión no estaba escrito, aunque parezca  la obra cumbre del director más laureado, el proyecto con el que consigue la última ovación y la más emocionante de su trayectoria. Porque acaba bien, y aunque la especie humana seamos victimistas por naturaleza, también amamos los finales felices. A veces en silencio. Otras veces, a grito pelado. Y qué bonito es gritar cuando las cosas salen bien.

ImproShow, en el Treatreneu, muy recomendable
ImproShow, en el Treatreneu, muy recomendable

Volé leyendo -no sin antes echar la irremediable cabezada postdespegue- la entrevista que Enric González le hizo a Javier Cercas en JD en forma de diálogo. Pura casualidad. El mismo Cercas que da la bienvenida con un recorte de periódico a la habitación de el medio. Pura Casualidad (bis). Y llegué al restaurante donde éste escribió Soldados de Salamina. Dos días después se reconocería a Le Bistrot como el restaurante más romántico de España. Pura casualidad (¿tris?).

Como que sonase swing en el quiosco de la música de la Ciutadella, donde desde la arenilla a los pies del mamut hasta lo alto de la fuente de la que desconocemos la historia, se confirmó que Irene llevaba razón. Como la llevan los semáforos que deciden ponerse en rojo para que nos acerquemos hasta que los tactos encontrados los convierten en verde; como la razón que pierden las escaleras mecánicas por las que marchamos, que ralentizan su subibaja cuando estamos en ellas; razón como la que tiene la función de ‘pausa’ de las aldeas de los juegos de Ipad, que te permite cuidar lo conseguido poco a poco y protegerlo dentro de las barreras moradas.

Que tú eres el mejor en eso.

Este post iba a ser un agobio. Me explico. Hace un rato se titulaba ‘Montar la Semana de la Mujer en Madrid, buscar piso a mi chico, unos padres dejando de fumar, un equipo que roza la fase de ascenso a Primera División… y un San(t) Valentín’. O sea, el agobio que es mi febrero plasmado por escrito. O sea, una visión sesgada de lo jodidamente bonito que está siendo mi febrero.

Un comentario en “Y entre medias, Barcelona, donde todo empezó

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