Hacía frío…

Café. Porque “Madrid es ciudad cafetera y no vale hacer literatura con eso de que la prisa de los tiempos se lo está llevando todo por delante”, aunque realmente lo piense. La frase es de ‘Amar en Madrid’, mi joya regalada de cabecera y de autobús que da un poco más de sentido a esta “sección”.

Aquel día llovía. Y ya van dos días en menos de un mes en los que identifico que en esa misma fecha, en el pasado, caían chuzos de punta, expresión que, por otro lado, me transporta a los madriles que Umbral dice que dejaron de ser madriles por los nuevos vecinos del Barrio de Pilar y Cuatro Caminos.

Sonaba ‘La Ventana’ en el Opel viejo, un auto que un par de años después cogí cuando ambos cumplíamos 18 y que antes de los 20 ya llevaba dos rasguños con la marca L en su costado y trasero. Los callejones por los que doblaba a derecha e izquierda son, aún a día de hoy, de los más fríos de Guadalajara, y el destino, el mítico polideportivo Río Tajo, hacía honor del frescor que desprende el río más largo de la Península.

En las ondas, la actualidad del Hotel Palestina, y en el rostro de mi madre el mayor gesto de pesadumbre que jamás le había visto.

– Se juegan la vida para que nosotros nos enteremos desde aquí de lo que pasa.

***

Del entreno no me acuerdo en absoluto.

Haría frío.

Tres años más tarde pisé por primera vez la Avenida Complutense S/N.

Está bien recordarlo 11 años después, no vaya a ser que se lo (nos) lleven por delante.

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