Segundo ciclo

Preludio de una cita importante (22/07/2014)

Sin café. La dieta blanda derivada de una intoxicación no me lo permite.

La culpa es mía, por engancharme a series teenagers cada verano. La culpa, en realidad, es de esos veranos, de los que tanto despotricaba y que en parte, tanto añoro ahora.

Era de noche y acabábamos de llegar al sur, con bikinis, vestidos, bermudas, alguna botella y unos créditos más por los que brindar. Era la única escapada de las series que teníamos, los días reunidos tras maratones de otros tantos sin alejar la cabeza del foco y de ese barullo de manual que se gastan las redacciones.

No recuerdo bien qué fue lo primero que hicimos al llegar, supongo que repartir camas fingiendo que lo hacíamos al azar. Lo que sí recuerdo es que entre esas primeras cosas estuvo la promesa de dejar sobre una mesa todo periódico, revista o publicación con sabor a Madrid. 184136_10150259645326960_1515345_n

No nos costaba pasárnoslo bien. La mera reunión era una garantía de risas y anécdotas que según se repetían perdían el sentido y aumentaban las carcajadas. Varias veces pensé que éramos invencibles, tópico muy español una vez más falso.

No lo conseguimos. La tinta regresó con la primera resaca, los análisis, las críticas, un por aquel entonces joven twitter y una vocación que, casi sin exprimir, por lo virgen que era, estaba en la línea de salida para comerse el mundo.

Epílogo de la cita (23/07/2014)

Cereales y leche, vamos a ver si ya aceptamos la lactosa.

Tocamos techo. Mordimos esa grandeza que nunca más volverá, no de esa forma, con la intensidad que guardaban las noches de los siempre viernes. De la fuerza acumulada entre la semana que explotaba en la oscuridad del ya sábado, y que el domingo tarde volvía al ser que debía dar los buenos días a la mole gris.

Dicen que éramos como las cosas bonitas que se unen sólo para serlo, campeones de Europa en Mallorca, del Mundo en Madrid y otra vez de Europa en las redacciones. Porque ya éramos mayores entonces y nuestro Brasil llegó como jarra de agua fría. Nadie podía reprocharnos nada, ni siquiera nosotros mismos, que habíamos exprimido la fusión de polo a polo. Del amor a la indiferencia.

Ayer la chica de la cámara y el chico cabreado, que se cayeron mal al principio, firmaron un contrato.

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