Bipartidista: del Gordo y el Niño

Café. Que las visitas a hospitales no cesan, sólo cambian de escenario y consejero responsable.

Saben los lectores que me ponen cara y voz que lo de ser ostentosa y caprichosa no va nada conmigo. Así que entiendan que el hecho de que llegue el día de la Lotería no me genera demasiada inquietud ni sueños ambientados en Bali desde la silla de mi trabajo.

Mi trabajo. A este punto quiero llegar.

Este año, por primera vez, voy a tener que anotarle a mi padre los números que me pueden dar un alegrón el día 22, para que los revise con la lista que él mismo fabrica a boli según sale El Gordo. Y los flacos. Esa fecha en mi memoria recrea el despertar  más tardío porque en el colegio sólo había misa, y, en cambio, los niños de San Ildefonso se me clavaban en la cabeza tan temprano que fue irremediable que cogiese manía al evento nacional.

Siempre he visto intercambiar números de lotería como si fuesen cromos entre familiares y amigos, con sonrisas de orejas a orejas a modo: te puedo cambiar la vida con este rectángulo de papel. Nunca llegué a entenderlo y por eso no lo compartía.

Ahora creo que acierto con decir que no tenía edad y vivencias para hacerlo. (Inciso: a aquellos que dicen lo de “con la Lotería no te haces millonario”, espero que el Calvo, Manuel y Antonio saquen vuestros números del bombo antes del sorteo)

El último mes y pico he adquirido distintas participaciones, algunas por intercambio con la lotería de mi club, la cual no tengo ninguna gracia para vender pero este año he terminado el taco. Incluso, el pasado puente de diciembre, en un viaje recargador de pilas a Granada, mis amigas y yo no nos quisimos volver sin un número de la tierra de la Alhambra. “Lo mejor es compartirlo”, dicen en la televisión, pues estoy cumpliendo paso a paso las pautas para que salga mi número.

Puede que sólo sea un efecto de la crisis y que años posteriores siga sin tener éxito vendiendo lotería entre mis allegados, pero a mí realmente me resulta emocionante poderlos ayudar si ese número sale del bombo. Ya saben, para tapar agujeros, pero ojalá sean los agujeros de los míos: de los despedidos, de los no contratados, de los explotados, de los soñadores, de los nuevos emprendedores, de los futuros papás, y para las futuras bodas (¡casaos, leche!).

El otro día me decía Juli que hacerse mayor es ver cómo tus padres van sufriendo achaques. Arranco una serie de #hacersemayores e incluyo: #hacersemayores (en tiempos de crisis, además) confiar en que un décimo puede reconducir lo que un Estado y sus políticos, y unos bancos no han hecho ni van a hacer por ti.

La suerte está echada.

3 comentarios en “Bipartidista: del Gordo y el Niño

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