Generating John Doe

Café (o coffee) placentero, como el descanso del guerrero que esta noche he protagonizado.

Tengo al ágora desconcertado desde que crucé la meta de la San Silvestre Vallecana. En mi propio libro de historia – otros se imaginan su vida en película y con la banda sonora que llevan en los cascos por la calle – este mes vendría encabezado con un cintillo en la línea de ‘el punto de inflexión’, ‘el mes en el que todo cambió’, ‘el detonante’… Y son estos suspensivos lo que le dan a enero incertidumbre y felicidad a partes iguales.

Escribo este post porque la catarsis ha empezado (¡saludos hasta Gijón!) y porque mi excompañero de trabajo Diego me lo pidió hace tiempo (demasiado). Fue junto a él como empezaron estos posts matinales entre cafés.

Que sepa el lector que si hace cinco años ya era defensora de mi Complutense y mi mole gris, según pasa el tiempo mi defensa aumenta, porque me sigue enseñando cosas según crezco. En quinto de carrera, para subir nota en la última asignatura que me quedaba por aprobar y cuyo examen era dos días después de mi graduación (esas cosas…), me dispuse a hacer un comentario de una película. No vamos a ser hipócritas, el repaso de lo estudiado iba a ser en circunstancias muy duras y todo punto añadido me aseguraba un veranazo (currando). Como lo fue.

La peli en cuestión era Juan Nadie (Meet John Doe), de Capra, que cuenta la historia de un personaje creado por un periodista anónimo que llega a convertirse en referente de una sociedad que engañada y manipulada sigue a pies juntillas lo que el tal Juan promueve. El cuarto poder.

*

El lunes fui a uno de los saraos que monta ron Havana 7 sobre periodismo, en esta cita concretamente en honor a los plumillas que escriben opinión, con un homenaje a Umbral como padre/tío/abuelo de todos ellos (¿nosotros?). A esos actos hay que ir con escudo medieval, como cuando das al play a The Newsroom, debes asumir que en cualquier momento te hace crack el corazón y tienes que parar, porque te sigues creyendo la utopía y como suelo expresar por redes: “joder, cómo dueles, pero cuánto me gustas”.

*

Diego es una de las personas que más sabe de cine que conozco, y que mejor sabe contagiarte sobre la materia, por ello le digo desde aquí, por teléfono, y le contaré sonriendo en la cena que me debe, que, amiguito, ya no somos cómplices de John Doe y nos vamos a comer el mundo.

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