Rindiendo cuentas

Una fina línea que sabe a tierra. Los cuatro tiestos que rodean la piscina de mi abuelo, como los cuatro angelitos de las esquinitas de la cama, llevaban intactos 10 meses. En realidad, mucho más. Hasta arriba de tierra, con la planta original desbordando y otras tantas malas ocupando un lugar indebido. Robustos y firmes velando en las esquinas, con los platos de apoyo pudriéndose estación tras estación y acumulando pequeños reductos de agua sucia. Pero sin dejar de cumplir su función. Hoy tienen tierra nueva, un plato limpio y ocupan posición defensiva en la muralla de la casa principal.

*

Fin del primer trimestre de 2015. Como autónoma de la vida sin estar atada al RETA hago una línea fina (esa línea fina) en el balance anual antes de que llegue de verdad la primavera.

Se preguntaba Juanjo Millás en ‘La imagen’ de ayer domingo si en el mundo de los atunes harían una fotografía en la que un atún hembra vivo posara entre los muslos blandos de un hombre muerto. Por preguntar que no quede. Eso sí, la certeza con la que habla de la intención de la modelo de masturbarse con el pez no la veo del todo clara, y miré y remiré la foto.

Lo incierto se apoderó del primer trimestre del año, tras el que (con las elecciones pisándonos los talones) parece estar más de moda que nunca rendir cuentas. Por cierto, que dice Infolibre que Albert Rivera sólo se desnuda en los carteles, que en los tribunales de cuentas le cuesta un poco más.

Con una mano delante y otra detrás anuncian tantos emprendedores que se lanzaron al mundo de las start-ups. Está siendo polémico por twitter este artículo en el que enseñan a ser un ‘vendehúmos’, porque aunque los medios y las instituciones nos han hecho creer lo que mola ser emprendedor y lo estupendo que es ser autónomo -aunque sea en el sitio de Europa que menos estupendo es-, lo cierto es que la mayoría de start-ups fracasan. Con todo el respeto y miedo que da pronunciar ma-yo-ría en un año como este.

“La supremacía es echarse vaselina en los tiempos muertos”. Mi Liga XVII terminó por todo lo alto, con los labios muy hidratados. De ser el último sorteo, nunca se sabe cuándo será ese cara y cruz, salí perdedora pero obteniendo el saque, aún debo descifrarlo en mi (próximamente patentada) ‘teoría de los sorteos’. Descifrad también vosotros cómo la semana pasada tuve una entrevista de trabajo donde era imprescindible la calculadora, ¿está o no está desvirtuado el periodismo?

Y podría seguir enumerando detalles de mi trimestre y seguiría sonando en mi cabeza una de las frases de las Hogueras de Supersubmarina. Todo parece menos importante…

Y por fin la noche huele a calle; y las calles a galletas.

Y la pista deja pie a la arena.

Y los reencuentros son dinamita.

Y los besos de puntillas saben casi mejor que un zumo de naranja con azúcar recién exprimido.

Y montarte en el coche recalentado te pone la piel de gallina.

Y el balance es positivo, por supuesto.

Y la chica no se masturbó con el atún.

Y los tiestos, reubicados, seguirán dando sus frutos.

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