Moret y Aquiles

Café como revulsivo a lo lento que funciona mi cuerpo/mente hoy.

Cuando empecé a correr, allá por 2011, como deporte en sí y no como calentamiento previo a coger un balón, decidí darle una aplicación periodística. Era mi año de máster, el novio más puñetero y que más tiempo me ha exigido en toda mi vida, el cirujano que inyectó botox a mis ojeras y el camello que me enganchó al café (y a tantas otras cosas).

En esos días en los que yo estaba a punto de jubilar mis únicas Asics que no han sido azules, llegó a mis manos Murakami y su ‘De qué hablo cuando hablo de correr’. Me inspiró para hacer esto  y nunca más he corrido sin pensar algo que pudiese transformar a base de teclado. 

Ayer el plan A invadimos Madrid de nuevo vestidas de rosa, pasen los años que pasen me sigue pareciendo una pasada ver el manto que formamos por la Gran Vía,  tan poco abrupta teñida de ocio y tan puta corriéndola. Fue la primera carrera de mi vida en la que me sentí tan fuerte como para tirar de alguien que con uñas y dientes quería llegar a la meta trotando pese a Ferraz, porque Ferraz, hilen la metáfora política que quieran, el año pasado no estaba tan en cuesta como en esta edición. Lo dice hasta Metroscopia. carreramujer

Pensaba en lo gracioso que resultaba que Lori Meyers fuese el grupo preferido de Pedro Sánchez y, en cambio, Spotify me hubiese lanzado el viernes su publi del PP escuchando ‘Impronta’; le daba vueltas al próximo verano, que a parte de ser una canción que Marwan e Ismael Serrano hacen preciosa, es ya una realidad (Mi realidad que dirían los Meyers); con la abuela y la tía siempre en mente en este día, y esta segunda pisándome los talones y con los brazos abiertos tras el arco rosa; con las mejores sensaciones en la meta, sintiéndome orgullosa por partida múltiple, sonriendo por lo que suma, desprendiéndome cada km de lo que resta.

*

Hoy se lamenta mi rodilla derecha,

un clásico que llevaba dos temporadas sin recordarme el miedo a saltar en las anteriores.

El talón de Aquiles que te desciende de nuevo al estatus de vulnerabilidad, que te recuerda, sin embargo, que sigues viva.

 

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