Lo que me salvó del bullying

Café al estilo NY según Viena Capellanes, porque cuando los primeros buenos días del lunes te los da un proveedor, es que la semana va a ser complicada.

El otro día hablando con mi amiga Marta nos reíamos  localizando gente tóxica que había sido visitante ocasional de nuestras vidas y que por algunos gestos todo apuntaba a que de pequeños no lo habían pasado bien en los colegios, lo que se conoce con la famosa y generalizada expresión de bullying. Sería imperdonable hablar de la risa de Marta y no decir que es uno de esos gestos fantásticos que aunque quisiera ella misma no podría fingir, por todo lo que transmite.

Que los niños son crueles es un hecho que he presenciado pero no vivido en mis propias carnes, aunque bien analizado, que fue lo que hice después de esa conversación, de pequeña fui carne de cañón para ser la pringada del reino escolar.

Llegué a los ocho años al colegio donde más tiempo he pasado, sabiendo dividir cuando en el nuevo iban por la tabla del 5 y acostumbrada a hablar en inglés desde los tres años. Dividir (con cajita) sigo sabiendo, del bilingüismo se apoderó el alcarreñismo demasiado temprano. Los floripondios de mis diademas y yo tuvimos el primer desplante sólo con pronunciar mi nombre, que generó una coña que a día de hoy a mi amiguísima Carmen aún se le escapa. A esto le añadimos: buenina, obediente, y amante de la lectura, menos mal que empecé a suspender matemáticas…

Mis bazas ganadoras en esta delicada época fueron dos: mi amiga Nata y mi facilidad para los deportes. Ser amiga de la guapa y popular adornaba tu carta de presentación de cara al resto del mundo. Veinte años después ya casi no chocamos cuando ella, extrovertida hasta la médula, me saca los colores delante del chico que me gusta y unas ganas locas de matarla poco a poco me invaden. Porque sí, porque con 27 años esto sigue pasando y tengo que anteponer a ello que es una de las mejores personas con las que te puedes cruzar en la vida. Y por suerte, ella se quedó en la mía. No obstante, este es un patrón que he repetido en otras etapa, la espontánea Clau era mi cómplice en Bachillerato y Belén fue desde el minuto -1 mi amiga de la universidad, la que el primer día de facultad pedía los MSN con más soltura que Esperanza Aguirre el voto a los mendigos.

Mi otro aliado fue el deporte, ir al Guadalajoven con tu generación y con la de un año por encima te avalaba delante de un ciclo del colegio entero. Y no nos engañemos, que el Cultural era importante, pero las máximas rencillas (y el máximo orgullo) alcarreñas se forjaron en las finales deportivas (holi, queridas Adoratrices, cómo os destrozamos en la final de pingpong).

Esto más que habilidad natural era selección natural. En el patio de Francesas o eras espabilado o morías en el intento, desarrollabas los reflejos a base de balonazos en un único campo en el que se jugaban a la vez uno o dos partidos de fútbol y tres de baloncesto, uno en vertical y dos en horizontal, en las canastas bajitas de las que los mayores malotes se colgaban (yo no, claro).

Después de esto llegaron las gafas, muy de la época, metálicas y sin ninguna gracia, y cada año más dioptrías que centímetros en mi altura, pero por suerte ya tenía mis dos respaldos sociales, el deporte y a mi amiga la guapa.

De haber llegado las chofis antes que ellos,

del bullying no me hubiese librado nadie.

3 comentarios en “Lo que me salvó del bullying

  1. Quiero saber las variantes de tu nombre, yo cuando supe de tu existencia voy a reconocer que dije: pero eso es un mote? Como se llama de verdad?
    Gracias al bullying no eres una cateta emocional o una hp adorable, por tanto: gracias nata y gracias deporte.

    Me gusta

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