De bolsas de basura, televisiones y festivales de verano

Café con canela, por sugerencia del camarero simpático del bar de abajo.

Lleva allí algo más de un año y nunca me había llamado la atención. De pronto, hace unos días la bolsa con los jerseys de mi abuelo se abrió, y una bocanada se estampó contra mí y contra mi nostalgia, como una bofetada que no esperas y a la que no puedes reaccionar al segundo. La hostia de lo imprevisto.

Ese soplo me llevó a pensar este fin de semana que los mejores recuerdos no son los que plasmarías (he plasmado) en un post como este durante el mes de febrero, por ejemplo, para describir tus veranos. Son los detalles que sólo se rehacen en el mismo marco espacio temporal y te estrangulan algo. Como que una madre tecnológica te mande un whatsapp desde la playa diciéndote que con la nueva televisión ahora no saben dónde colocar la tarjeta de la piscina.

En la que fue la casa de los abuelos Valverde Santander no había llegado una televisión plana hasta hace unos días. El acontecimiento ha supuesto que nos hayamos quedado huérfanos de lugar para dejar a buen recaudo la tarjeta de la piscina de la manzana, y creedme que es a buen recaudo, que a nadie se le ocurra guardarla en un cajón, porque no la vamos a encontrar. La televisión del salón no se concebía hasta hoy sin la aureola de la tarjeta en la parte superior, cual angelillo del Belén.

Los festivales de verano son otro de esos momentos que guardan sensaciones indescriptibles sobre el papel si te pidiesen hacer recomendaciones o narrar tu experiencia. Se recuerdan y sienten in situ. Una amiga me dice que elijo los festivales en función de si va Iván Ferreiro, porque adoro cantar Turnedo en ese entorno. Este año el gallego no formaba parte del cartel del Sonorama, de lo que me hice eco con voz ñoña una mañana en los aledaños de la plaza del Trigo. Entonces arrancaron los primeros acordes, y el “desde aquí, desde mi casa, veo la playa vacía…”. Xoel López, de sorpresa, rindió tributo al otro gallego. Esa sensación.  

Xoel Terapia López fue, además, el encargado de despedir al día y dar la bienvenida a la noche del sábado en el escenario principal. Una huella que forma parte de los festivales, aunque no se plasme en crónicas y recomendaciones, es el tú a tú con grupos y canciones concretas. Música con nombre propio, que recuerdan a ciudades, a despertares pasados, a mensajes a deshoras. Y tus cuerdas vocales vibran como tantas noches hiciste en tu cama. Y tu cara es un poema y tus amigos lo leen y gritan contigo; que esa canción tenía que sonar; y que tú la ibas a cantar como si mañana no hubiese nada más. Porque, por fin, hoy no lo hay. 

Decía Xoan Tallón en la previa de la final de la Supercopa que a veces para hablar de fútbol, hay que hablar de ciclismo. A veces para hablar de amor, de nostalgia y de amistad, hay que hablar de bolsas de basura, televisiones planas y de festivales de verano.

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