Desmontando el “lo que pasa en ferias, se queda en ferias”

Cafés y cafés, en plural, porque es lunes postferias, señores.

Y aunque esta segunda parte no iba a existir, por petición popular pruebo si mi sintaxis no se ha visto alterada por la semana grande. (Intentaré respetar las picias que han sido acompañadas/vetadas de “pero esto no lo escribas en el blog, ¡eh!”, que no han sido pocas…).

“Lo que pasa en ferias, se queda en ferias”. ESA FRASE, que aunque tiene su punto más álgido en el desfile y se relaja de lunes a jueves, el fin de semana vuelve a cobrar tráfico en la labia alcarreña.

Este post tiene una misión: desmontar la sonada frase. 

Porque hoy estás hecho una mierda, de cuerpo, mente y espíritu. Para el cuerpo deberíamos empezar una dieta lo más parecida a las ‘detox’ de las celebrities, para eliminar todo lo ingerido (tanto, ¡y con tantos grados!) y volver a la vida saludable (¡esta noche se entrena!). Para la mente y el espíritu el antídoto es más difícil, se llama depresión postferias y nadie en tu trabajo lo va a entender, así que llévalo por dentro y por Whatsapp (tantas flamencas que pusiste la semana pasada y ahora na’ de na’).

No se quedan en ferias las risas y los gritos por los que hoy todos tenemos una voz más masculina que la que dejamos en la redacción el jueves, quiero volver a ser la niña de mi sección.  

No se queda la gente que has conocido y que por H o por B has sabido algo nuevo de ellos y con ellos. Ya supongo que en el Buey las conversaciones se limitan al “y tú vas a Salesianos , ¿no?”, pero las peñas con tantas generaciones, como la Carioquita, tiene ese encanto que te permite llamar familia por una semana a tus compañeros de comida, barril, cena, charanga y desayuno.

No se quedan en esta semana los persons famosos de los que ya hablábamos hace ocho días… Confirmo que este año he conocido al número 1 de mis diez años como peñista, person que tras un “no hay huevos” se comió a un pez de los que dan en la feria a los niños con esperanza de vida de diez días.

No se queda la ‘sensación túnel’, el gusanillo de llegar a la rotonda de los scouts, porque no nos engañemos, iremos mil veces a El Corte Inglés el resto del año y no pasarás por él sin tararear una saeta (la-sa-e-ta).

No se quedan los “¿pero ya es de día?” y el mañaneo, el Serrucho, el Jump On It (te-ma-zo), el que todo el mundo sepa que has nacido en octubre, los toros de luces, las gafas de sol, los chalecos de organización de encierros y las despedidas en Santo Domingo.

No se quedan las quejas, porque hay que seguir pidiendo que disfrutemos juntos de nuestras fiestas, en eso consiste. Ocurrió un milagro en el parking del Centro Comercial, y todos lo retratamos: ¡había gente, e incluso nos agobiamos! Ya estábamos acostumbrados a la soledad de la tierra hostil, que, por otro lado, nos había hecho más piña como asociación cultural que somos.

Y hablando de… Esa piña que echamos a los chupitos tampoco se queda en ferias. Ni siquiera en el rincón de los barriles, que como el sábado ya destrozados Mahoma no iba a los chupitos, los chupitos buscaban a Mahoma en la cutreverbena para que no nos olvidásemos de que las ‘y 35’ son sagradas. Todo valía, hasta llevar tocado. 

Y no se queda en este septiembre que ayer también fue un día señalado en el calendario de los alcarreños, porque el verano no se acaba con la vuelta al cole, al trabajo, o el 21 de septiembre; el verano se acaba con los fuegos artificiales fin de ferias. Y nosotros lo sabemos despedir como nadie durante ocho diazas.

Hasta el año que viene 🙂

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