París au lait

Café. Café en París. En la Île de la Cité, en Montmartre, en Trocadero.

Au lait, express, en tazas cucas y anotando sobre ellos pistas para estas líneas. IMG_4347

¿Qué les pasa a las gaviotas que revolotean la capital francesa? Son tan dueñas de cada puente que cruza el Sena como los relojes de las numerosas torres. Sin embargo, diré a mi favor que no me detuve en los segundos tanto como en las primeras. Viva la vida sin 4G y sin manecillas.

Y sin claxons, benditos los autorizados a circular por las calles parisinas y su tranquilidad al volante. Se percibe más violencia a la hora conseguir un crepe en el barrio latino, al que llegamos después de toparnos por casualidad con St. Etienne, templo donde todo comenzaba en Midnight in Paris, película de culto para una servidora. Después de verla por primera vez dejé a mi novio de entonces. Él no entendía nada y yo lo entendí todo.  La historia de años. Tarde, pero lo entendí.

En las guías no se cuenta lo plana que es París, lo cómodo que es andar por ella teniendo el caudaloso río como referencia y el Arco del Triunfo como objetivo. Pocos Valverdes victoriosos más van a conquistar este año el final de los Campos Elíseos como lo hice yo, después de comprobar que “churro” es internacional y que camino de Los Inválidos hay un parque donde hacen los ‘breaks’ más salvajes las gaviotas del Sena.

En las guías debería impulsarse la idea de que hay un París para cada persona, quizá se tenga que volver a una ciudad para hacerla más tuya, para saber que D’Orsay va antes que Louvre. La última vez que fui no sabía quién era Cortázar, el único divertimento de Montmartre era el Molino Rojo, las librerías eran Cobos y poco más, y Disney era por consenso ajeno lo que más debía gustarme. No guardaba enormes recuerdos del parque, ni de la sensación que me produjo.

Sin embargo, si a modo reality (ese formato en el que todos nos hemos imaginado nuestra vida alguna vez) o a modo youtuber-pasado-de-romántico me hubiesen grabado estos últimos días, mi cara hubiese irradiado los rayos que no veía desde el viernes. Encontré a Amélie después de salir ilesa de lo que mi amiga Paula bautizó como un congreso de ciegos, por tanto palo selfie que había en el Sacré Coeur; me perdí entre los libros, máquinas de escribir y escaleras de madera de Shakespeare and company. No dejé de repetir lo fe-liz que era en Disney.

Y allí, bajo la Torre Eiffel, a punto de irme de un París que a saber cuando retomaré, apareció una r(R)ayuela. IMG_5325

No había niños, ni casi luz.

Solo tiza y una fotografía.

(Mi) París 2016, el que nunca saldrá en las guías.

****

Y al pisar tierra española, 23 F. Excesiva recreación que no eclipsó las comparecencias. Otras vez Iglesias. Otra vez nada claro.

¿Otra vez París? 

Un comentario en “París au lait

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