Manual para (sobre)vivir (a) las bodas de tus amigas, primera parte

Café recordando cómo los niños le decían a Iglesias que tenía que cumplir todo lo que había prometido. Un “creo que sí” parecía no convencer a los que ni superan el metro y 20 cm. aún.

Y más vale que lo cumpla, porque en menos de lo que cree(mos) esos niños tendrán una papeleta en sus manos. Y una alianza en la otra…

Las bodas de mis amigas han arrancado, de hecho, estoy en el ecuador del año que recordaré por haberme juntado con cinco invitaciones en mi cómoda (qué término tan vintage este). En cuatro de los enlaces es ella quien es mi amiga, lo que implica tener despedida de soltera y sobrevivir a que en un mismo mes se junten boda + despedida + boda. Y como gestionar esto no está resultando nada fácil (siendo humana y mileurista), suelto, cual granos de arroz en la puerta de una Iglesia, algunos consejos para los que su año más bodil sea el siguiente.

1 – La previa. ¿Qué te creías, que el tema iba a arrancar el día de la boda? Nada de eso, las bodas forman parte de la vida de tu grupo de amigos desde el momento en el que al novio de tu amiga se le ocurre hincar rodilla (y tú, por supuesto, sales a cerrar el Cívico un 23 de diciembre laborable). De hecho, felicito desde aquí a las pioneras en comprometerse de cada grupo, decidir dar el paso sin llevar un año escuchando detalles que allanan el camino es todo un reto.

2 – Las despedidas. “Lo que pasa en X lugar, se queda en X lugar”. Y cuan

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El día de después

do dice eso una novia ya no te cabe ningún tipo de duda de que todo mito puede darse en la despedida en la que estás. Decidir el X lugar y los X planes no es tarea fácil, más si juntas a distintos grupos de chicas. Recomiendo tomar las riendas desde el primer momento y que grabes muy bien las caras de las chicas que van contigo, no serías a la primera que luego en la boda con el perifollo puesto te cuesta reconocerlas después de haber estado por los suelos en Aranjuez juntas.

 

– “De aquí sale material para un año de brendavales”. Ni desvelo la autora, ni el percal ribereño.

3 – El emplazamiento. Si Facebook tuviera que narrar tu historia con tus amigos los contrayentes Guadalajara y Madrid serían los escenarios del 98%. Sin embargo, llegado el momento de elegir dónde dar el sí quiero sólo una de ellas opta por Santa María. Málaga, Zaragoza, Santander y Trujillo fueron los destinos elegidos para que mi portavestidos vea mundo y mi Corsa Despeñaperros. Los viajes, el hotel, la resaca en ciudad ajena y la vuelta a casa sumarán al anecdotario de la boda detalles imperdibles. Y gasto, no sería legal contar sólo el lado positivo del asunto.

4 – La indumentaria. No arriesgues, pero si arriesgas asegúrate de que te rodeas de brillos y mechones de colores para no ser el foco de atención. El otro día combiné un vestido sencillo con una cazadora de cuero (¡tendencia!) y mi madre me advirtió de mi “cante”. No se imaginaba que todos esos vestidos que miras con terror cuando caminas por El Corte Inglés están ahí por la imperante ley de oferta-demanda. “¿De verdad crees que me van a mirar a mí?”.

La peluquería, un detalle secundario y suprimible en mi opinión, ha sido cómplice en las dos bodas a las que ya he asistido. A Málaga llegué tan absorbida por el trabajo que no acerté en elegir un peinado óptimo para un clima de playa. [Suena: ¡Aaaah, cigüeña!]

“Es el punto diferenciador entre unas invitadas y otras”. Con esta frase tan rotunda mi amiga Natalia me incentivó para buscar en Pinterest algo que me gustase para llevar a la peluquera como referencia. Ojo, que el SEO no te juegue una mala pasada y acudas con el mismo recogido que media boda simplemente porque no has pasado a la página 2 de búsquedas.

5 – Los amigos del novio. No es detalle a descuidar en qué estado “civil” vas a una boda. Si vas en pareja (y no se va a dormir antes que tú), no he percibido excesivos peligros, pero si vas de single lady, ¡ay, amiga! eres ganado para los amigos del novio. Ya saben que vas, quién eres y tienen trilladas tus redes sociales; no les des demasiada bola, o no te librarás en toda la noche del que no le vale con una sevillana más o menos bien bailada.

El mayor problema en este apartado es cuando tienes capítulos pasados con corbata entre los invitados. Cuando rondaba los 23, mi amigo D.M. me confesó su teoría de que a partir de los 25 sólo te lías con amigos de amigos, teoría que confirmo (casi) al dedillo. Lo que nunca me contó el ya marido es que cuando los amigos en común se empiezan a casar es un papelón para ti. Papelón que siempre adquiere mayor dimensión si uno de los dos lleva pareja a la boda, ya que es muy probable que tengas en tu cogote (de peluquería, eso sí) dos ojos clavados como punteros láser.

6 – Los regalos. Los de antes, durante y después. En las bodas se regala mucho, de hecho suelen eclipsar otras celebraciones: cumpleaños, navidades… El “esto para la boda” puede convertir a tus amigos los novios como los más regalados del año. Vídeos, fotos de antaño, joyas, lencería, hasta una batita que dicen que hay que ponerse en el momento de las fotografías de preparación a las que nunca me prestaría.

Y hasta aquí la primera parte. Si he despertado alguna sonrisa, el trabajo está hecho. Mis respetos a los 10 contrayentes, ya sabéis que yo siempre creí en el amor. Más que Pablo Iglesias cree que puede cumplir lo prometido.

¡Vivan los (mis) novios!

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