Con S de Saliente. Y de suerte

Café en la terraza, el lugar que se ganó ser el rincón de escribir nada más verlo.

Por aquel entonces en mi casa (la que aún hoy sigo llamando mi casa y no casa de mis padres) nunca faltaba El País Semanal los domingos. Ese comienzo de septiembre de 2013 no fue una excepción. El calor aún acompañaba a los dos lados de la M30 y Javier Cercas publicó una columna titulada ‘Vivir fuera’. Como ocurre con las mejores casualidades, yo acababa de llegar de mi periplo inglés y me mudaba justo esa semana a un piso en Madrid con amigas de amigas de amigas. La referencia perfecta para asegurarte de que no vas a convivir con piradas ni te van a agobiar a hacer planes de flatmates.

El pantallazo de ‘Vivir fuera’ no tardaría en convertirse en la seña de identidad de quien ocuparía la habitación de ‘al fondo a la derecha’. Ahí, puesto con celo(fán), daba la bienvenida a la que sería mi vida durante los últimos cuatro años.

En el 2ºA nos creíamos que ya éramos mayores antes de empezar el baile. El baile de talones, porque Laura es la persona que clava más la zona trasera de los pies en el parqué para darte los buenos días. Con el tiempo aprendí a ver que lo mejor de esos sonidos era que tras ellos aún me quedaban algunos minutos hasta que sonase la alarma despertadora. Eso si el ritmo era normal, porque cuando a la bilbaína se le pegaban las sábanas, no había parqué que resistiese el ímpetu por llegar menos tarde. De hecho, no resistió, una mezcla de agua (¡upss!) y antigüedad hizo que tuviésemos abierto el pasillo en forma de cruz y que el salto de longitud se convirtiese en disciplina para conectar el salón con los dormitorios.

Donde planchábamos la oreja nosotr@s, porque el salón de Saliente ha sido y será aposento de numerosos amigos y conocidos, con su correspondiente terraza cubierta haciendo las veces de vestidor. Nunca la afluencia de amigos generó tantos problemas al piso como los Gobiernos de Rajoy y Zapatero. Piti en la boca y con Pasapalabra de fondo, Kike y yo arreglábamos las instituciones públicas y las decisiones ejecutivas dejando entrever que teníamos algunos puntos comunes, aunque ningún partido nos representase. Y entonces, cuando no habíamos mamado otra cosa que el bipartidismo, irrumpió Albert Rivera y Pablo Iglesias en el panorama político. El pluralismo que hace no demasiado era inimaginable se convirtió en realidad.saliente

Cuando tres chicos jóvenes conviven en la capital del reino podrían convertirse en protagonistas de cualquier Salvados que tuviese que ver con crisis, precariedad laboral y sueños por alcanzar. Lo primero y lo segundo seguimos intentando superarlo, pero lo tercero, los sueños, se han cumplido. El camino no es fácil, de hecho tuvimos que beber mucha crema de orujo por la noche mientras Kike, Jessi y servidora nos compadecíamos. Como en cualquier estructura triangular, si uno de los vértices cojea, se puede apoyar en el resto, pero cuando los tres tienen desarreglos, eso sólo lo arregla el cremoso digestivo.

El vértice padre (madre, realmente) que sostiene este hogar (con todo lo que esta palabra significa) es una de las personas más buenas que he conocido en mi vida. La empatía tiene la piel tostada y susurra “buenos días”, aunque no lo sean, en el acento más bonito de toda Andalucía: el malagueño. Jessi, que tiene por talón de Aquiles la columna vertebral porque a veces se olvida de ella misma en pro del resto, se está comiendo el mundo por derecho propio. El postre tiene forma de barco y repetirá las veces que le apetezca, las calorías no entienden de esto.

Si hablamos de comida, Saliente ha tenido distintas etapas culinarias. Con la operación bikini siempre dándonos a devolver kilos, actualmente y gracias a Irene, el fichaje farmacéutico moderno, pasamos por la etapa más sana. Los zumos de limón matinales, la chía (chí-a), los copos de avena y el brócoli comparten frigo con las siempre riquísimas fajitas y las pizzas caseras de última hora a las que puedes echar todo lo que quieras (o tengas). Y que el tabasco no falte, oiga.

Irene llegó con el corpore sano y con la mens dispuesta a abrirse a Madriz, a nosotras y a ella misma. Hace algunos años, en algún viaje a alguna parte que no sitúo, le dije a su hermana que Irene y yo podríamos ser amigas, que, de hecho, me gustaría que un día ocurriese. Tuve que esquivar armarios abiertos y saber que soy intolerante a todo lo que me gusta, para que Nene dejase de ser ‘la hermana de’ y fuese mi hermana mediana. Todo este tiempo habrá tenido sentido si ella ha entendido que su bondad infinita es el motor y el método para conseguir lo que se merece. Y si se me concede un último deseo: que quiera y luche por lo que se merece.

La intensidad y el sentimentalismo también es seña de este hogar que sólo se abandona por amor. Porque de Saliente sólo nos vamos enamorados. Y, a veces, las cosas salen bien. Y otras, se aprende.

*

Debates electorales,

fontaneros y pintores,

televisiones que llegan pero nunca se van,

roscos completados,

castings,

Brexit,

ropa sin dueño que, simplemente, aparece,

noches de ordenador y manta,

pelis de Sandra Bullock,

amantes que no opositaron jamás a hombres de nuestras vidas,

hora punta en el baño,

otra temporada de Cuéntame,

telefonillos que nunca respondimos,

algunos que tuvimos que descolgar,

una Luz que nos debería incluir en su herencia,

Joaquín,

la irrupción de Netflix y HBO,

Lush como aliado capilar,

champús y más champús,

percheros nuevos que tardamos, pero que colgamos,

la piscina a las once de la noche en plena hora de calor,

más elecciones,

motos medianas, grandes y pequeñas,

la falta de intimidad en agosto,

los Excell de gastos,

mátame camión,

las orquídeas,

las muertas y las pocas vivas,

jardines zen reestructurados,

confesiones nocturnas,

cortes de luz,

cumpleaños flamencos que se van de las manos,

manos que nunca faltaron ni fallaron…

Volviendo a Cercas y a 2013, afirmo (y completo) una de sus afirmaciones: uno no vive fuera para descubrir a los demás, sino para descubrirse a sí mismo. Y, además, los descubrí a ellos. Con S de Saliente, y de suerte.

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