Bodas, periodistas y ampersands

Ya escribí… ‘Manual para (sobre) vivir (a) las bodas de tus amigas’

Un año más estamos aquí reunidos para escribir (y leer) del acontecimiento festivo del verano si tienes entre 27 y 34 años, aproximadamente: las bodas. De tus amigos, hermanos, compañeros de curro o la tuya propia, a la que probablemente llegues deshinchado de ideas originales si llevas veinte antes. Por cierto, es hora de que todos dejemos el rollito Mr. Wonderful, hay millones de tipografías y estilos deseando desempolvar el ampersand (&) para colocarlo entre vuestros nombres.

Hablando de nombres, qué dignos parecemos en las invitaciones de boda todos con el nombre que nuestra madre eligió para nosotros y que muchos grupos de amigos han torturado hasta lo irreconocible. Me declaro muy fan de los que optan por ese diminutivo generalizado o ese apodo no soez (importante) para los sobres. Para el tema de los novios entiendo que El Chino & (ampersand) La Rubia no estaría bien visto ni a ojos del de la imprenta, que total, tiene que imprimir el artículo delante del apodo e igual le sale más rentable.

Estas últimas semanas he hecho una reflexión sobre esto (estoy usando mis ideas, señor Navalón). Creo que los periodistas miramos las bodas desde un punto de vista tanto particular, como traicionero, en algunas ocasiones. ¿Por qué lo digo? Lo listo, que siempre le da más estilo de artículo de GQ compartible (señor, Navalón, again).

– Los acentos. A algunos os pusieron nombres con acento. Eso es así porque vuestra denominación en castellano sigue una serie de reglas ortográficas sin las cuales no os llamaríais como escucháis vuestros nombres. Las Sofías seríais Sofias, los Andrés(es) podríais ser Ándres, y así. Dicho lo cual, aunque lo escribáis en mayúscula (esa excusa tan mala que algunos soltáis), haced el favor de no cometer faltas de ortografía en vuestros propios nombres, a algunos nos llama la atención a primera vista y ya no miramos del mismo modo vuestro enlace.

– Las comas. Las formulaciones de ‘Nos casamos y queremos invitaros a la boda y al convite y es un super placer y confirmad lo antes posible y un besi a todos’. Y UTILICEMOS LAS COMAS, porque si no tendréis alguna baja por no haber conseguido terminar de leer vuestra invitación con aire suficiente.

– Peticiones y discursos. Los periodistas, por el hecho de serlo, aunque ni se ejerza, estamos abocados a ser el amigo que te ayuda a escribir un poco más bonito lo que tienes en mente. Por deformación intentamos buscar guiños y gestos que tengan significado tanto para los novios, como para algunos invitados. La mayoría de las veces solo se pilla el 80% de ellos, pero que por nosotros no quede, escribimos cualquiera de las cosas que nos piden como si fuese el discurso de agradecimiento del Cervantes. Que el que vaya a ser uno de los días más felices de la vida de, al menos, dos personas tenga parte de ti, más allá de tu pamela de turno en primer plano de las fotos grupales, es uno de los mejores regalos que se (te) pueden hacer. Así que desde aquí un GRACIAS enorme a los amigos que pensaron en mí, nunca fue un marrón.

Pero ocurre otra cosa curiosa (esta sí puede ser un poco beige tirando a marrón) en cualquier grupo de amigos que cuente con un periodista. Siempre va a ser la primera opción para leer en la iglesia/ceremonia/banquete, “porque no le da vergüenza”. La vergüenza es algo que sin duda se trabaja en el aula de Ciencias de la Información, aunque no siempre da resultado. En mi caso, en primero de carrera tuve que locutar que evocaba un orgasmo. Ahí, con mis 18 añitos recién estrenados, desvelándoles a mis compañeros cuál es mi tono de voz en esa situación. Por suerte, o por Cortázar, yo siempre estoy dispuesta a participar en una ceremonia que suponga la celebración del amor de dos amigos. Si es leyendo, pues leyendo; si es tropezándome y haciendo de ello la anécdota más torpe, pues también. La vergüenza se esfumó allí donde se rodó Tesis.

– Los ‘techamigos’. Quiero pensar que hace diez años también ocurría algo como lo que voy a contar, pero que los protagonistas eran el equipo de música, el coche de la novia y las cámaras de fotos. Fin a la tecnología de una boda de los noventa. Hoy en día, entre la web, la app para las fotos, que no se quien quiere verlo por skype, “¿qué hashtag elegimos y qué es eso?… Ser amiga/o tecnológico tiene peso hasta que comienza la barra libre. En ese momento volvemos a los 90: señores, cierren Tinder, está chupado.

Jaime y Bren, Bren y Jaime, Jaime, Brenda, y Brenda y Jaime estamos a punto de empezar la temporada de bodas 2016-17 powered by nuestros amigos que se quieren y se lo van a profesar oficialmente. Bodas, prebodas y despedidas de soltero/a que aún no han disuelto el grupo de whatsapp. Seis enlaces con mucho sabor a norte y a Alcarria.

¿Que si me gustan las bodas? Cómo no me van a gustar. Si hasta am-per-sand es el símbolo que tiene la fonética más bella. Y de símbolos va esto.

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