Por qué no leo novelas

Café de lunes, con paraguas y habiendo salido el sábado, yo estas cosas hace unos años las llevaba mejor.

A veces me frustro y lo digo en voz alta: ¡tengo que leer una novela! Me pasa desde hace algunos años que entre mis selecciones de lectura sólo destacan crónicas, reportajes y artículos.

El origen se remonta a mi año de máster, aquel año… Esa excusa que mis amigos rescatan cuando no recuerdo alguna anécdota grupal: “seguro que pasó en tu año de máster”. La mofa llega ya tan lejos que si en un mes no me acuerdo de que el sábado perdí la voz riéndome en la terraza del Cívico hasta las mil de la mañana, dirán que ocurrió en 2011. Y no, este finde necesitaba tanto Guadalajara que Guadalajara hizo coincidir mi necesidad con el Maratón de Cuentos, uno de los fines de semana en los que la ciudad más bonita luce. Hoy apenas me duele el pie y los agobios se han (casi) evaporado. Guada funciona.    Sigue leyendo

Tres cosas por las que odio a Carrie Bradshaw

Café en la orilla de la Castellana y sin faltar ni un día. La reactivación no es fácil.

Cada vez capan más portales donde ver series, más capítulos de las que me gustan (que no son pocas), y mi servidor favorito, Streamcloud, donde en diez segundos de espera puedes entender por qué Leticia Sabater desea de nuevo estar en posesión de su virginidad. Debido a una consecución fallida de intentar ver capítulos de Episodes (mi nuevo descubrimiento), el otro día le di play de nuevo a un capítulo aleatorio de Sexo en Nueva York, serie que toda tía debería ver alguna vez y posicionarse en uno de los roles. No desvelaré el mío pero haré hincapié en tres factores por los que es imposible que no odie a Carrie Bradshaw.  Sigue leyendo

Moret y Aquiles

Café como revulsivo a lo lento que funciona mi cuerpo/mente hoy.

Cuando empecé a correr, allá por 2011, como deporte en sí y no como calentamiento previo a coger un balón, decidí darle una aplicación periodística. Era mi año de máster, el novio más puñetero y que más tiempo me ha exigido en toda mi vida, el cirujano que inyectó botox a mis ojeras y el camello que me enganchó al café (y a tantas otras cosas).

En esos días en los que yo estaba a punto de jubilar mis únicas Asics que no han sido azules, llegó a mis manos Murakami y su ‘De qué hablo cuando hablo de correr’. Me inspiró para hacer esto  y nunca más he corrido sin pensar algo que pudiese transformar a base de teclado.  Sigue leyendo

Los estados de MSN siempre eran por algo

Café en el barrio. No vayan al bar al lado del Jerónimo si no están convencidos de querer un café, es tal el tanque que sirven que llevo espídica todo el día.

–  “Siempre me pasas textos que me van a molar, capullona”.

No regalo libros ni música en balde. Es una de mis máximas a la hora de escoger un regalo para alguien, el porqué debe superar en valor a lo que hayas abonado por el obsequio. Las pequeñas cosas, esas grandes cosas. El arte de regalar, que curiosamente es el título del libro del Bigotes de la Gürtel (¡absténganse el próximo 23 de abril!). Sigue leyendo

“Y esa es la vida, no más”

Café a media tarde, para despertar todos los sentidos que ya son capaces de percibir el nuevo tiempo: San Roque huele a verano, pero el vello erizado a partir de las ocho hace rebobinar la sensación a una primavera que aún no tiene toda nuestra confianza depositada. Ya se sabe, la sangre altera y el armario ni te cuento.

Me preguntaban por whatsapp el otro día si nos habíamos convertido en una sociedad absolutamente conformista. Y pensaréis “¡vaya cosas te preguntan por whatsapp!”, correcto, creo que el precio a tanto MSN tonto que gasté de los 15 a los 22 (aprox.) lo estoy pagando ahora con parrafadas que me tienen pegada a un Iphone 4s que cada vez más alto pide la renovación (la semana que viene hago 26 y medio, lectores). Sigue leyendo

Flora asegurada

“A quien hable con emoticonos hay que cortarle el dedo”. Así de rotundo lo anunciaba el periodista de El Mundo Antonio Lucas en un ciclo de conferencias en Madrid a las que aún podéis ir a la segunda parte. Y es que la fiebre emoji cada vez va a más, incluso me ha contagiado a mí, que era lo más reacia a sustituir un : ) por una carita sonrojada, o una palabra bonita por un corazón rojo. -Claro, es que ahora el corazón es gigante y bombea-, pensaréis algunos. Claro, es que con un emoji al finalizar una frase todo lo anterior, aunque vaya cargado de tono peyorativo, se suaviza. Y si no que se lo digan a los community manager de SEUR lo contentos que te contestan cuando les vuelves a llamar incompetentes en 140 caracteres. Sigue leyendo

Benditos acrósticos

Los cafés ahora son de tarde, y las mañanas, las antiguas noches.

Mi ciclo del sueño se está reconduciendo poco a poco a su estado de bienestar natural: trabajar por las noches y contar ovejas por la mañana. Da igual la de años que me pase modificándolo, cuando tiene la mínima oportunidad de coquetear con lo trasnochado no hay escarceo que se le resista.

Hablando de escarceos (…), está siendo muy polémico el acróstico sobre Julio Iglesias que apareció en un periódico formando “Julio eres el puto amo”. Acróstico era uno de esos términos que te aprendías en clase de lengua y presumir de ello te convertía en un ninja de la lingüística (nivel LOGSE). Quizá sea la venganza de un redactor harto de escribir breves y con ansias de demostrar su don para la escritura creativa. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, que aún recuerdo jugar en una redacción con compañeros de distintas secciones a meter una palabra todos cada día. Y creedme que para meter “alfalfa” en Deportes tiene que haber mucha carambola informativa. Sigue leyendo