El último domingo

La respuesta la tenía ahí, en el azar.

O quizá no.

 

El ambiente cargado de la planta séptima no permitió que la pena se mezclase con el deber estar que no se le presuponía en los hipotéticos finales a “la pequeña de la pequeña”, pero “el dolor es más fuerte entre los más fuertes”, advirtió Antonio Gala.

A pesar del micromundo seguíamos en España y el viernes había fútbol, jugaba la selección antes de marchar a conquistar la segunda estrella. Su astro mantenía a familiares y enfermos lo suficientemente lejos para que cada arruga fuese menos arruga, cada punto dado doliera menos, y el tiempo de espera se despegase del adjetivo ‘eterno’ durante 90 minutos.

*

Dormir con el móvil sin silenciar esperando una llamada es la peor sensación que he experimentado nunca, es estremecerte cuando tu alarma, la de siempre, aún es sonido y no melodía. En ese mínimo instante que dura el reconocimiento auditivo se agudizaba lo poco que había descansado, que caía como una losa sobre el resto de mi nuevo día.

“¿Ocurriría hoy?”, pensaba antes de posar el primer pie en el parqué.

"El último beso supo a pétalo helado..."
“El último beso supo a pétalo helado…”

Era la primera vez que vivía esto. Fue – es – como si algo te desgarrara por dentro mientras el resto del mundo te besa y abraza por todas las muestras que se te quedaron en el camino. Y por tantas dadas de las que no se acordará. Esa es la mayor rabia que siento de su aventura impuesta.

Cada minuto de la última semana de mayo sabía que escribiría lo que me estaba ocurriendo. Las sensaciones, los diálogos y los hechos, por supuesto, los tenía en bandeja para plasmarlos; el título, en cambio, se me resistía por más que observaba, pensaba, relacionaba e intentaba condensar.

El último beso supo a pétalo helado; la última lágrima, aún por llegar, tendrá como antecesoras a las más amargas de estos lagrimales casi vacuos, no demasiadas pero sí concentradas en el último suspiro -el mío frente a él-, que fue tan profundo que podría haber servido para ambos. Algo que ya era imposible.

El calor de su sofá y la suavidad resbaladiza de su piel, tersa e intacta aún postrada y agujereada in extremis, se quedan en el espacio de esos recuerdos que sólo se saborean en su plenitud con los ojos cerrados de noche. Los de verdad.

La respuesta la tuve en el primer despertar del día de después.

Era domingo.

“El último domingo” junto a él.

*

Y a continuación, me puse una camisa blanca, porque mi abuelito, el que tenía la cabeza en las nubes, ahora las pisotea raqueta en mano esperando a servir. Dos partidos nuevos acaban de comenzar.

Bendito engaño aquel

Era la Ciudad donde venir la mañana de después de una noche gloriosa con la camiseta de tu equipo se antojaba casi obligatorio.

la foto (14)
Atardece en CiU, como tantas veces

 

La Ciudad inocente en cuyo mercado regulado sólo circulaban corazones de goma azucarada, mientras que el ilegal seducía desde las verjas de los complejos deportivos, que sabían a cebada y que hoy no te dejan escapar igual de vivo.

Bendito engaño aquel.

Mi rincón

Los cafés, calientes, que la garganta aprieta por un día descolgado del fin de semana.

El fin de este post no es otro que contestar mediante una imagen a una pregunta que me hicieron hace dos viernes, cuando tuve una cena mitad sorpresa. Lo de la mitad era porque la homenajeada sabía de la cita pero no que aparecería hasta un perro con una diadema que versaba “felicidades”. Diez días después de que tuviera sentido el mensaje.

De los algunos inconvenientes que tuvimos en localizar distintos utensilios, el que más nos dolió, irritó, y ralentizó la cena, fue la ausencia de un sacacorchos. Porque vino había de sobra. Los periodistas siempre tratamos de ampararnos cuando se rompe la estadística de una botella para cada dos (¿o tres?) en que al ser de letras no llevamos bien eso de los números. Y si no, siempre hay algún romántico que tira de flashback histórico y alude a los grandes periodistas de siglos pasados, los que hoy vemos retratados con pluma y copa de coñac en mano. Y es que románticos somos un rato.

Sacacorchos no encontrábamos, pero la atención aún en primero de carrera la teníamos intacta, por ello Documentación nos llevó a Youtube, y éste a los despiporres de vídeos. Probamos metiendo la botella en una Converse y atizando contra la pared, pruébenlo; con un destornillador haciendo palanca; y al fin, con un método tan sueco como femenino: golpeando con un martillo a un pintalabios colocado verticalmente sobre el corcho, que por supuesto tocó fondo, pero nadie volvió a hablar de él tras la primera copa. Los documentos gráficos en “carrete”, que esto lo lee mi madre.

En la cena de la vuelta al cole los nuevos inmuebles de los comensales (y bebedores de vino) fueron Trending Topic. Y la pregunta a la que quiero dar respuesta es la más personal y curiosa que me han hecho de mi nuevo hogar: “¿Ya has elegido rincón para escribir?”

MadMaster14 en la terraza
MadMaster14 en la terraza

Jornada de verano

Desde mi época de estudiante he pensado que si hubiese que establecer un medidor emocional de la población, sin duda, las herramientas para desarrollar la métrica debían ponerse en práctica en el transporte público. Y los resultados, aparecer en las páginas del 20 minutos, que siempre mantendré que hace una estupenda labor social aunque en primero de carrera me lo tirasen a la basura en una clase al desecharlo como prensa de calidad.

Ayer por la mañana el estado anímico de la gente era bipolar. En una polo estaba Maracaná, los pucheros de Casillas y el golazo de Neymar. Nadie decía nada de que Piqué no hubiese subido a por la medalla, lo mismo que hizo Cristiano en la final de Copa. ¡Ay! Del 3-0 me enteré al abrir el ojo, con tres wasaps (la RAE ya acepta esto, no obstante será la única vez que os martirice con ello). El primero decía “Brasil 3-0 España, no quieras saber más”, el segundo se limitaba al “no comento”, y la tercera cadena era de mi equipo comentando el penalti de Ramos, que olé su nariz fea, con permiso. la foto (5)

En el otro polo, el de Anna y Otto,  la gente se mostraba sorprendentemente dicharachera, algo que yo no concebía habiendo dormido 5 horas por una derrota que por la traición que lastramos ya no asumimos como nuestra.

Según avanzaba el día una pregunta se me repetía en diferentes formatos: “¿Ya has empezado la jornada reducida de verano?”

No tengo,

No tengo,

No tengo…

La gente sí tenía un motivo real por el que alegrarse ayer lunes. ¡Y además, empezaron las rebajas!

Hoy el café caliente lo tomé con sandalias nuevas,

a ver si no voy a tener de nada.