Manual para (sobre)vivir (a) las bodas de tus amigas, primera parte

Café recordando cómo los niños le decían a Iglesias que tenía que cumplir todo lo que había prometido. Un “creo que sí” parecía no convencer a los que ni superan el metro y 20 cm. aún.

Y más vale que lo cumpla, porque en menos de lo que cree(mos) esos niños tendrán una papeleta en sus manos. Y una alianza en la otra…

Las bodas de mis amigas han arrancado, de hecho, estoy en el ecuador del año que recordaré por haberme juntado con cinco invitaciones en mi cómoda (qué término tan vintage este). En cuatro de los enlaces es ella quien es mi amiga, lo que implica tener despedida de soltera y sobrevivir a que en un mismo mes se junten boda + despedida + boda. Y como gestionar esto no está resultando nada fácil (siendo humana y mileurista), suelto, cual granos de arroz en la puerta de una Iglesia, algunos consejos para los que su año más bodil sea el siguiente. Sigue leyendo

Granos de techo, maíz y alguno de café

Café pospuente, antes de poner un pie en la calle, porque el día me debe 30 horas hábiles hoy.

Aprecio a la gente que me reconoce que no sabe cómo puedo jugar bien al voleibol.

La descoordinación que invade mi vida, desde un -sobre el papel- sencillo baile, hasta permanecer de pie (- ¿Se puede ser descoordinada estando de pie? – Sí, se puede), hace impensable que se me dé bien un deporte tan técnico como el voleibol.  Sigue leyendo

Los segundos toques

Estoy aquí.

Esta frase no es nueva para ti, ni siquiera original, puesto que al sonar en mi cabeza me han venido un par de canciones que la convirtieron en hit y otra que casi lo consigue.  

Esto ya había pasado otras veces, que yo dejase de escribir, que no asomase mi nariz por estas líneas en días. Esta vez han sido meses. Hasta ahora solía volver con la cabeza entre las piernas y una cara de pesadumbre al otro lado de la pantalla. No es así en esta ocasión. ¿Me estaré haciendo mayor? Bueno, sí, me estoy haciendo mayor, eso es un hecho, pero la frase quedaba genial como divagación de la escritora que no soy. Sigue leyendo

París au lait

Café. Café en París. En la Île de la Cité, en Montmartre, en Trocadero.

Au lait, express, en tazas cucas y anotando sobre ellos pistas para estas líneas. IMG_4347

¿Qué les pasa a las gaviotas que revolotean la capital francesa? Son tan dueñas de cada puente que cruza el Sena como los relojes de las numerosas torres. Sin embargo, diré a mi favor que no me detuve en los segundos tanto como en las primeras. Viva la vida sin 4G y sin manecillas. Sigue leyendo

¿Qué (piiii) ha sido de los fotomatones?

Café con tostada de tomate, el desayuno de los campeones que llegan antes de la cuenta a Pozuelo.

Año nuevo, mismos agobios y el blog descuidado, mis disculpas desde aquí, ahora es tal el maremágnum de historias que cuadrar que esto va a ser más difícil que formar Gobierno.

“Donde nada te puede pasar”, así bauticé (o sigo bautizando) a San Roque un domingo soleado robado. Qué barbarie estamos haciendo con el clima, pero qué buenos domingos de enero nos está regalando el karma también en Retiro. Sigue leyendo

Pasos adolescentes

“¿Corremos la Sansil de la mano?”. Mi cuarta San Silvestre empieza aquí, arrancó ayer, con esta proposición por parte de una de mis ‘en lo bueno y en lo malo’. Mi reflexión cafetera de esta mañana es que con estas cosas, como con las religiones, no tienes que ceder al oportunismo, véase: correr un año de mierda para dar por finiquitadas tantas cosas y olvidarte en uno de los mejores años que recuerdas de esa satisfacción que te reportó. Ir a misa sólo para pedir sería el símil eclesiástico.    Sigue leyendo

La vida en 15 metros

Los cafés deberían estar prohibidos los fines de semana, por lo menos aquellos con connotación de remedio contra algo, sólo cafés sociales. ¿Cuántos hábitos surgen en reuniones con amigos? Cafés, cervezas, el piti de la otra mano. Maldito piti.

El tiempo se para en los hospitales, se va meciendo nada más entrar por la puerta, se acurruca en el ascensor, y, de pronto, ya en planta no es fin de semana, no hay nada fuera, no corre Alonso ni tu equipo juega en Talavera. La semana pasada, la de tu 27 cumpleaños, la fantástica semana que te hicieron pasar los que te quieren, parece más pretérita de lo que lo es. Los 312 millones de euros de la Púnica, también. Sigue leyendo