El bulevar

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Tercera.

Reducir a segunda ante el último badén.

Giro suave a la derecha y el ceda inadvertido.

El bulevar que al denominarlo le acompaña irremediablemente la melódica coletilla “de los sueños rotos”.

El de las falsas paradas, el de las prisas para llegar al andén, el de los nervios cada dos domingos, el de las amarguras que no son amargas. Sigue leyendo