Granos de techo, maíz y alguno de café

Café pospuente, antes de poner un pie en la calle, porque el día me debe 30 horas hábiles hoy.

Aprecio a la gente que me reconoce que no sabe cómo puedo jugar bien al voleibol.

La descoordinación que invade mi vida, desde un -sobre el papel- sencillo baile, hasta permanecer de pie (- ¿Se puede ser descoordinada estando de pie? – Sí, se puede), hace impensable que se me dé bien un deporte tan técnico como el voleibol.  Sigue leyendo

¿Qué (piiii) ha sido de los fotomatones?

Café con tostada de tomate, el desayuno de los campeones que llegan antes de la cuenta a Pozuelo.

Año nuevo, mismos agobios y el blog descuidado, mis disculpas desde aquí, ahora es tal el maremágnum de historias que cuadrar que esto va a ser más difícil que formar Gobierno.

“Donde nada te puede pasar”, así bauticé (o sigo bautizando) a San Roque un domingo soleado robado. Qué barbarie estamos haciendo con el clima, pero qué buenos domingos de enero nos está regalando el karma también en Retiro. Sigue leyendo

Pasos adolescentes

“¿Corremos la Sansil de la mano?”. Mi cuarta San Silvestre empieza aquí, arrancó ayer, con esta proposición por parte de una de mis ‘en lo bueno y en lo malo’. Mi reflexión cafetera de esta mañana es que con estas cosas, como con las religiones, no tienes que ceder al oportunismo, véase: correr un año de mierda para dar por finiquitadas tantas cosas y olvidarte en uno de los mejores años que recuerdas de esa satisfacción que te reportó. Ir a misa sólo para pedir sería el símil eclesiástico.    Sigue leyendo

La vida en 15 metros

Los cafés deberían estar prohibidos los fines de semana, por lo menos aquellos con connotación de remedio contra algo, sólo cafés sociales. ¿Cuántos hábitos surgen en reuniones con amigos? Cafés, cervezas, el piti de la otra mano. Maldito piti.

El tiempo se para en los hospitales, se va meciendo nada más entrar por la puerta, se acurruca en el ascensor, y, de pronto, ya en planta no es fin de semana, no hay nada fuera, no corre Alonso ni tu equipo juega en Talavera. La semana pasada, la de tu 27 cumpleaños, la fantástica semana que te hicieron pasar los que te quieren, parece más pretérita de lo que lo es. Los 312 millones de euros de la Púnica, también. Sigue leyendo

De bolsas de basura, televisiones y festivales de verano

Café con canela, por sugerencia del camarero simpático del bar de abajo.

Lleva allí algo más de un año y nunca me había llamado la atención. De pronto, hace unos días la bolsa con los jerseys de mi abuelo se abrió, y una bocanada se estampó contra mí y contra mi nostalgia, como una bofetada que no esperas y a la que no puedes reaccionar al segundo. La hostia de lo imprevisto. Sigue leyendo

Tres cosas por las que odio a Carrie Bradshaw

Café en la orilla de la Castellana y sin faltar ni un día. La reactivación no es fácil.

Cada vez capan más portales donde ver series, más capítulos de las que me gustan (que no son pocas), y mi servidor favorito, Streamcloud, donde en diez segundos de espera puedes entender por qué Leticia Sabater desea de nuevo estar en posesión de su virginidad. Debido a una consecución fallida de intentar ver capítulos de Episodes (mi nuevo descubrimiento), el otro día le di play de nuevo a un capítulo aleatorio de Sexo en Nueva York, serie que toda tía debería ver alguna vez y posicionarse en uno de los roles. No desvelaré el mío pero haré hincapié en tres factores por los que es imposible que no odie a Carrie Bradshaw.  Sigue leyendo

Moret y Aquiles

Café como revulsivo a lo lento que funciona mi cuerpo/mente hoy.

Cuando empecé a correr, allá por 2011, como deporte en sí y no como calentamiento previo a coger un balón, decidí darle una aplicación periodística. Era mi año de máster, el novio más puñetero y que más tiempo me ha exigido en toda mi vida, el cirujano que inyectó botox a mis ojeras y el camello que me enganchó al café (y a tantas otras cosas).

En esos días en los que yo estaba a punto de jubilar mis únicas Asics que no han sido azules, llegó a mis manos Murakami y su ‘De qué hablo cuando hablo de correr’. Me inspiró para hacer esto  y nunca más he corrido sin pensar algo que pudiese transformar a base de teclado.  Sigue leyendo