“Mami, ¿y los manguitos?”

No hay café hoy aunque debería, porque los sábados a las diez de la mañana no se tendría que estar donde yo he estado: tiñéndome los ojos de color Simpson para hacerme un contraste de ojos. Para contraste el de los míos con el paso de los años, que han cambiado de orientales a occidentales casi sin inmutarme, aunque en la prueba del “abre”, “abre máaaaas”, aún no parezca alemana del todo.

Ayer fue un día dramático, y no me importa reconocerlo. La botella de agua que llevaba en el bolso se abrió (maldita) y se formó una piscina en la que al menos un pie metías con nada que mantuvieses el equilibrio. Entre las (pesadas) cosas preciadas que suelo cargar en mi gran bolso (que me gustan los bolsos-cartera y me veo incapaz de utilizarlos) estaba mi Iphone, que vibró, vibró, y yo pensando que me llamaban aplacé la llamada hasta coger el tren. Nunca descolgué (añadir tono suspense).

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