Pasos adolescentes

“¿Corremos la Sansil de la mano?”. Mi cuarta San Silvestre empieza aquí, arrancó ayer, con esta proposición por parte de una de mis ‘en lo bueno y en lo malo’. Mi reflexión cafetera de esta mañana es que con estas cosas, como con las religiones, no tienes que ceder al oportunismo, véase: correr un año de mierda para dar por finiquitadas tantas cosas y olvidarte en uno de los mejores años que recuerdas de esa satisfacción que te reportó. Ir a misa sólo para pedir sería el símil eclesiástico.    Sigue leyendo

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Un e-mail por petición

Destinatario: Mario

Otro día escribo sobre cómo agonicé por Madrid, lo prometo. Hoy, aquí lo tienes.

Relata Murakami que corre (y mucho, me consta) “para lograr el vacío”. Mis pies a día de hoy no serían capaz de encadenar 10.000 metros en menos de hora y media. La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, pidiendo virtualmente prestado el título, no escuchó los cuartos. Apenas vislumbró los gritos vallecanos, se ahogó en Atocha, esa estación a la que nunca llegamos porque el recorrido de las 7.46 así lo decía. Y porque tú no fuiste valiente de alterar el trazado. Nunca lo serás. Como yo nunca pensé en cruzar la meta, esta meta, donde ahora siento que vivo en una continua entrega de medallas.

El 7 fue tan doloroso como satisfactorio. No esperaba menos de la cómplice Cibeles ni de un impar, aunque solo sea porque tú y yo fuimos un cúmulo de números pares que siempre necesitaban algo más para redondearse. Una circunferencia en la que yo, de puntillas en el arco, no conseguía mantener el equilibrio por el radio hasta llegar al centro, que latía lo suficientemente bajo como para dudar de su bombeo desde allá fuera.

Llegaste antes. Esperar siempre fue muy tuyo, romper barreras corría de mi cuenta. Esta vez corría por mi cuenta, literalmente.
El final casi pasa inadvertido ante mis ojos cansados, nada de luces llamativas ni grandes carteles, nada de felicitaciones, porque ya era hora de que llegase. Nada de tirarme al suelo, como había previsto durante la preparación de la carrera. Caminar, caminar, caminar. “El vacío”. El perdón. Y año impar.