Tres cosas por las que odio a Carrie Bradshaw

Café en la orilla de la Castellana y sin faltar ni un día. La reactivación no es fácil.

Cada vez capan más portales donde ver series, más capítulos de las que me gustan (que no son pocas), y mi servidor favorito, Streamcloud, donde en diez segundos de espera puedes entender por qué Leticia Sabater desea de nuevo estar en posesión de su virginidad. Debido a una consecución fallida de intentar ver capítulos de Episodes (mi nuevo descubrimiento), el otro día le di play de nuevo a un capítulo aleatorio de Sexo en Nueva York, serie que toda tía debería ver alguna vez y posicionarse en uno de los roles. No desvelaré el mío pero haré hincapié en tres factores por los que es imposible que no odie a Carrie Bradshaw.  Sigue leyendo

Aunque prefiera el azul y mojarme

Café cafetón esta mañana, porque anoche me desvelé.

No.

Rotundamente no al final de Cómo Conocí A Vuestra Madre, al que he llegado sin dejar de mirar twitter y sin cohibir a nadie de mi alrededor, artimañas que reconozco haber desarrollado ante otros finales.

¿Pero qué manera es esa de girar el argumento de un extremo a otro en tan sólo 21 (       ) minutos? A lo largo de las 9 temporadas (que yo lo equiparo a una licenciatura, un máster, estancia en UK y un año laboral) la audiencia hemos adorado, odiado y sentido pesadumbre por Ted Mosby. El siempre detallista arquitecto nunca consiguió robar del todo el corazón de la guapa Robin, que incluso protagonizó una historia de amor con el colega de Ted. -Oh, pobre Mosby-.

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Entonces, incesante, continuó buscando a la madre de los hijos, que era lo único que teníamos claro desde el inicio, que hijos había, dando un verdadero ejemplo de entereza y realismo contra los amores platónicos y los quiero pero no puedo.

Y bien. Apareció ella, bajo ese paraguas amarillo, en una estación que parecía de la Southern Railway en la que yo analizaba la séptima temporada, y consiguió que la audiencia proRobin madurásemos y la quisiéramos como pieza del arquitecto, que por fin, había conseguido su meta; una meta que se terminó de meter en el bolsillo a los espectadores en el último capítulo, con la sorpresa de llevar a la periodista a la boda, a la tía Robin.  parapeta

Un final como el del cautiverio de Espinosa y García Vilanova, inmortalizado con una de las fotografías más bonitas que jamás vi; una invocación a la canción de Leiva que malamente vocifero día tras día, “terriblemente cruel”, que para mí es “terriblemente fiel” y lo va a seguir siendo pese a este desenlace, porque me parece una fórmula preciosa; un final donde había ganado el amor hasta el minuto 19.

Y entonces la serie tomó un giro como si estuviera en la temporada 6, hacia finales no muy lejanos pero sí populares, como el de Gossip Girl, Sexo en Nueva York o la eterna Friends. Vale que todos quisimos ver juntos a Rachel y a Ross a pesar de la flamante nueva vida de esta en París, la diferencia con CCAVM es que los guionistas supieron llevar hasta el punto exacto la introducción de nuevas parejas, siempre dejando un sabor de insatisfacción en el personaje y en el público; un sabor de “si al final…”. Ese final, había llegado naturalmente a los del Maclaren’s Pub, que podía haber consagrado la serie como diferente por no haber unido a su Blair y Chuck; a su Carrie y Big; y a su Ross y Rachel; y que una audiencia que ha estado 9 temporadas pendiente de un paraguas le hubiese aplaudido sin peros.

Y algunos dirán “triunfó el amor”, pero la precipitación de la (última) unión del arquitecto y la periodista y la desaparición de ese modo de un personaje que nos han hecho querer, te hace sobrepasar al lado emocional que todo seguidor de serie desarrolla y hace que sintamos como pésima la salida de la versión femenina de T.M. (Y no menos pésima fue la entrada de un bebé en el grupo, ¡con lo que disfrutamos con los gemelos de Mónica y Chandler!)

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Al final no era la historia del paraguas amarillo, triunfó la trompeta y el azul,

y aunque yo prefiera el azul y mojarme bajo la lluvia…

[Y esta noche Cuéntame no tiene pinta de arreglar mi desconcierto]