Una colleja y días sin postre

El café de hoy lo tomé revisando el mapa interactivo de imputados que presentó El Mundo ayer. Está bien la iniciativa para los que -la mayoría- no podemos llevar ya la cuenta, antes mensual, ahora semanal.

Parece que esta semana se ha puesto de moda escribir a lo Murakami sobre correr y lo que piensas mientras corres. Pero estas notas las tenía ya cogidas desde hace unos días, cuando trotaba por el Retiro en mi día 1 para preparar mi tercera San Silvestre Vallecana. Mis sensaciones y mi tiempo fueron mejores que en cualquier día 1 anterior, aunque Runtastic no confió del todo en mi fatigoso verano y no acató mi orden de empezar a cronometrar cuando mis piernas se pusieron en marcha.

Cuando ya regresaba para casa me topé con una madre china que forraba al pequeño chinito con bufanda y gorro, y lo acicalaba como esas abuelas que después de comer en su casa te acercaban al colegio oliendo a 3 km de distancia a colonia y con el pelo mojado repeinadísimo. Los niños del comedor nos distinguíamos porque a las 15.30 de la tarde éramos los despeinados y sudados de la clase. Porque el recreo del comedor estaba para jugar, no había deberes que valieran, era el mejor networking. Y el más duro.

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