Granos de techo, maíz y alguno de café

Café pospuente, antes de poner un pie en la calle, porque el día me debe 30 horas hábiles hoy.

Aprecio a la gente que me reconoce que no sabe cómo puedo jugar bien al voleibol.

La descoordinación que invade mi vida, desde un -sobre el papel- sencillo baile, hasta permanecer de pie (- ¿Se puede ser descoordinada estando de pie? – Sí, se puede), hace impensable que se me dé bien un deporte tan técnico como el voleibol.  Sigue leyendo

Oda

“Quizá sea tan fácil como decirle a tu cerebro ‘es allí donde quiero poner la bola, chato’”. Lo de chato es algo tan castizo con lo que no puedo enfadarme aunque no me suene del todo bien, porque, además, chata chata no soy, pero me lo llaman dos personas que se merecen la licencia con creces.

Hablando de cosas castizas, y aludiendo a Madrid, recomiendo esta lectura.  “Ya dijo Joaquín Sabina que los que han nacido en Madrid no han podido soñarla, y lo bueno es llegar con la boina y la maleta de cartón y a los cinco minutos ser de Madrid”.

Este post va de voleibol. De uno de los sets que más he disfrutado en mi vida, un 26-28 que terminó con el marcador en contra y las ampollas a favor. Llamadme masoca pero unos pies destrozados siempre simbolizan un desgaste en la pista, y una evidencia de, al menos, una victoria para toda la semana.

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Nunca tuve un amigo llamado Wilson

Valga de antecedente que yo era de las que no entendía por qué Periodismo y Publicidad compartían facultad cuando, en mi opinión entre cafés y pinchos de tortilla, su misión es antagónica.

Resulta que, allá por el año 2000, después de haber sobrevivido a esa Nochevieja en la que un apagón iba a destruir lo que no ha conseguido durante años el matarratas que pagas a precio de oro cada 31 de diciembre, llegó Tom Hanks con Náufrago a las grandes pantallas.  Eso sí, cada fin de año te regalan un gorrito de cartón del que la goma, si es resistente, salta en dos puestas y el cachivache ruidoso, si tienes suerte, no funciona y así te ahorras que con los empujones promovidos por la euforia del momento (porque es Nochevieja y hay que saludar a todo el mundo) te lo claves en la encía.

Tom Hanks y poco reparto más, porque la película trataba sobre un ejecutivo de la empresa FedEx (guiño) que tras sufrir un accidente de avión permanece aislado de la civilización en una isla tropical durante cuatro años. Allí su único amigo sería un balón de voleibol (lo llaman pelota pero es lo que es) de la marca Wilson (guiño).

Y hasta aquí todo normal. Publicidad, pantallas e ingresos. Pero resulta que ahora Náufrago (y Wilson, por supuesto) es uno de los primeros ejemplos de Branded Content (que tiene símil en castellano pero la gente de la comunicación somos así, queda mejor en el CV) de la historia. Esto se traduce, según me han contado los gurús (otra palabra muy de este mundo), que aunque FedEx despegase tras la emisión de la película y Wilson vendiese más de un millón de balones (de voleibol) durante el primer mes tras el estreno, no era la prioridad de ambas marcas. No. Eran los valores (palabro no tan de moda): la confianza de la empresa mensajera que cumple su cometido de llevar el paquete al destinatario, sin abrir, a pesar de tardar cuatro años, y el sentimiento familiar que despierta el balón, fiel a Tom Hanks en su estancia en la isla (tampoco le quedaba otra al esférico).

Por lo visto, y vuelvo a los gurús, el Branded Content, o el lavado de imagen de una profesión que nos ha atormentado desde que los muñecos de Famosa se dirigían al portal (esto es mío), es muy difícil de llevar a cabo y de que cale en el espectador.

Wilson fueron mis raquetas de tenis, pero en cuanto a balones se refiere, siempre fui de Molten.

Un estadio prestado para la Champions

Publicado en http://falso9.com/2012/10/27/un-estadio-prestado-para-la-champions/

Sonó la música de Ryanair que indica tierra, el fin de la pesadumbre para los jugadores de voleibol del CAI Teruel, que ya podían estirar sus largas piernas que desde la una y media de la madrugada del pasado lunes pusieron rumbo a Bélgica. Desde la ciudad aragonesa a la Terminal 1 madrileña, y desde de ésta, aún de noche y con el billete en la mano, hasta Charleroi, donde se dirigieron a un municipio de la provincia de Limburgo, escenario en el que por sorteo debutarían en la Champions League 2012-13. Su rival, un viejo conocido, el Noliko Maaseik, y el desenlace, de sobra pronosticado desde que el combinado dirigido por Óscar Novillo conociese el cruce con el equipo de Brecht Van Kerckhove, un hombre de la casa belga cuyo flequillo rinde homenaje al periodista más animado del país del chocolate.

Una Europa low cost la que recorre el mejor equipo español de voleibol del momento; campeón de la Superliga y de la Supercopa; un salvavidas para los jugadores nacionales que esparcidos por el mundo tratan de que no les falte el sustento con las rodilleras puestas. Un conjunto al que en altura no le triplican pero sí en presupuesto de partida para la nueva temporada. Y es que en la Europa de los dimes, rescates, y diretes hasta el deporte rey ha pedido un préstamo de dimensiones 105 x 68 metros. Davices con botas que saltan una noche (seis como máximo antes de quedar apeados de la máxima competición) ante Goliats, escuadras andaluzas que en su primer año por el viejo continente ya acarician los octavos de final, e incluso, una Champions de fútbol que se está jugando en un estadio prestado.

Pueden presumir de tener el nombre más difícil de escribir, y sobre todo de pronunciar, entre los candidatos que optan a visitar Wembley el 25 de mayo de 2013. El Nordsjaelland, campeón de la liga danesa, es el equipo de una ciudad que ronda los 18.000 habitantes, Farum. El debut en el grupo E de la Cenicienta de esta edición no pudo tener entramado más similar al de un cuento de los que aún leen las categorías alevines del club juto. El Shakhtar Donetsk, la Juventus, y el vigente rey de Europa, el Chelsea, pugnan para frenar los zapatos de cristal de los novatos nórdicos; los cisnes blancos que repetirán al patito feo que en el lago de los martes y miércoles por la noche no hay espacio para él. O por lo menos no lo había hasta la semana pasada, cuando el guardameta Jesper Hansen se aseguró la heroicidad nacional con sus paradas, las que mantuvieron a la Juve abajo a falta de diez minutos para el final. A pesar del empate, que los italianos salvaron en una de las últimas jugadas, el danés, el mejor jugador del partido, fue el artífice de que el ballet entrenado por Kasper Hjulmand inaugurara su marcador en Europa.

El Nordsjaelland es propietario del Farum Park, cuyas localidades no ascienden de 10.000. Con 21 años de historia y con solo ocho pasaportes extranjeros en su actual vestuario, juega de prestado en el Parken de Copenhague, estadio con espacio para que más de38.000 gargantas animen a un club al que si todos los habitantes de Farum fueran a verle chutar, aún quedaría la mitad del aforo en la reventa. Corazones —y anginas, Dinamarca es lo que tiene— cubiertos de bufandas que laten cuando se escucha cada nombre y cada apellido, especialmente el de uno de los centrocampistas, el jugador al que la onomástica le ha hecho el más popular del cartel. Se trata de Andreas Laudrup, catalán de doble nacionalidad porque cuando nació, su padre, Michael Laudrup, jugaba en el Barcelona, club con el que su vástago podría llegar a enfrentarse si el Nordsjaelland da la campanada. No sería nuevo para los asiduos en Liga de Campeones que un equipo danés logre la carambola de colarse en una fase que, por historia, nunca le había pertenecido hasta la edición de 2011, cuando el Copenhague superó en la primera fase al Rubin Kazan de Rusia y al griego Panathinaikos de la mano del ex equipo de Pep Guardiola.

Los posos de buen fútbol y de factor sorpresa permanecen en el país nórdico desde que en 1992 la selección danesa ganara la Eurocopa de Suecia —para la que no se había clasificado—. La decisión de la UEFA de dejar fuera de la competición a Yugoslavia obligó a los jugadores de Dinamarca a regresar de sus vacaciones antes de lo previsto. Ni siquiera tuvieron tiempo para estudiar a los rivales en profundidad. La hemeroteca dice que en esa ocasión el objetivo era ganar. Esta vez el Nordsjaelland, que luce el lema Altid mod malet(Siempre en busca del objetivo), ha dejado claro que puede seguir perfectamente el compás del baile de medianoche. La música low cost de aterrizaje no tiene nada que ver con la inspirada en Händel que retumba cada martes y miércoles a las 20.45.

Aunque sea en un estadio prestado.